martes, 20 de abril de 2010

Delito de plagio en Argentina

Título: El plagio
Autor: Gaffoglio, Gisela L.
Publicado en: LA LEY
SUMARIO: I. Introducción. — II. Concepto. — III. Facultades autorales. — IV. Abuso de cita. — V. Requisitos. — VI. Encuadre jurídico de la figura. — VII. El caso "Baigent v. The Random House Group Limited". — VIII. Conclusión.

I. Introducción
La amplia cobertura periodística que han tenido los últimos casos de plagio: la acusación a Bucay y su posterior reconocimiento de plagio con relación a su libro "Shimriti", el reclamo efectuado a Felipe Pigna que involucró a su libro "Mitos de la historia argentina", la acusación de Andrés Rivera a Jorge Zicolillo de haber plagiado su obra "La revolución es un sueño eterno" en el libro de este último titulado: "Juan José Castelli, gloria y ocaso de un jacobino americano" (1) y en especial a nivel internacional, el juicio promovido a Dan Brown por el supuesto plagio en su obra "El Código Da Vinci", ha generado un importante interés y repercusión en el público, en la mayoría neófito en cuestiones tan específicas como el derecho de autor y el plagio en particular. Es por ello que considero oportuno aportar algunas consideraciones sobre esta figura tan comentada actualmente en todos los ámbitos y luego reseñar sucintamente el caso "Dan Brown".
II. Concepto
En nuestro sistema legal se denomina "plagio" a la apropiación ilegítima de la paternidad de la obra de otro (2). En el derecho romano, en cambio, se daba el nombre de plagio al delito de "hurtar hijos". Quizás esta última definición capte mejor la esencia de esta violación al derecho del autor, quien no sólo se ve perjudicado en sus intereses económicos al sufrir una explotación no autorizada de su obra — ataque a su derecho patrimonial— , sino que además padece la omisión de su nombre como autor de la obra, y la alteración dolosa de la misma para disimular la identidad entre su obra y la plagiaria — ataque a su derecho moral— (3).
Para comprender debidamente la figura del plagio, es importante destacar que este delito presupone necesariamente la existencia de una obra. Es decir, la mera apropiación de ideas no constituye un hecho ilícito, por cuanto las ideas no son susceptibles de protección bajo el sistema del derecho de autor, sin importar su magnitud, importancia o valor (4). Su uso es libre y a nadie pertenecen legalmente. Por ejemplo, en la literatura, teatro, televisión y cine, los autores se valen de arquetipos presentes en la mitología como por ej.: Venus-Afrodita, Artemisa-Diana, Baco-Dionisio, Júpiter-Zeus, en el Tarot: el mago, el papa, la papisa, el bufón, el emperador, etc. y personalidades típicas como el amante infiel, el poderoso inescrupuloso, el héroe, la víctima inocente, el detective minucioso. Los autores se valen de estos arquetipos o personalidades recurrentes para sobre ellos construir con su ingenio sus personajes. En tal virtud, estos arquetipos y personalidades, que se encuentran presentes en un sinnúmero de obras, son de libre utilización y no pueden ser monopolizados. Sin embargo, la manera personal y peculiar en que cada autor construye a un personaje, esto sí es protegible, ya que aquí es donde se vislumbra el toque creativo y artístico de su autor. Se pasa del campo de la abstracción a la particularidad, de la expresión creativa de la idea surge la obra.
Por lo tanto, para que una creación intelectual revista el carácter de obra protegible, debe reunir el requisito de originalidad, es decir, debe estar expresada de una manera personal y no ser meramente la expresión obvia o usual de los hechos, como sería una narración meramente informativa de un evento periodístico (5). Ahora, si el mismo evento periodístico se expresa de manera creativa, es decir original, nos encontramos en presencia de una obra. La originalidad, condición necesaria para la protección de la obra, no debe ser absoluta. Por cuanto en el derecho de autor no se requiere novedad sino basta que el autor le imponga a su obra su nota personal, aun cuando se valga de ideas o recursos existentes.
Tampoco se evalúa a los fines de la protección autoral el mérito de la obra (6), por cuanto la calificación de las obras es una cuestión claramente subjetiva y opinable. Baste para ilustrar este punto, recordar la desaprobación generalizada que suscitó el "Bolero" de Ravel en su estreno, donde sus pares criticaron la repetición sistemática de su melodía. Quizás esta característica, considerada por algunos como una falencia, fuera su mayor rasgo de originalidad.
Otro elemento que debe descartarse del análisis es la finalidad que puedan tener las obras: así las mismas pueden tener un fin meramente cultural, científico o comercial y ser igualmente merecedoras de protección autoral. En este sentido, entonces pueden revestir el rango de obras literarias tanto una novela, un tratado de medicina, como un aviso comercial, siempre que las creaciones sean originales.
También es menester indicar que la obra es independiente del soporte físico en el cual ella se encuentra materializada, la obra es el contenido, no el continente. Es un bien intangible que no se encuentra limitado por su materialidad.
Habiendo desarrollado previamente los requisitos para que una creación sea considerada obra, reproduzco una excelente definición de obra que nos ha aportado la doctora Lipszyc, así ella indica que: "Para el derecho de autor, obra es la expresión personal de la inteligencia que desarrolla un pensamiento que se manifiesta bajo una forma perceptible, tiene originalidad o individualidad suficiente, y es apta para ser difundida y reproducida" (7).
III. Facultades autorales
Con el fin de estimular y fomentar la creación cultural, nuestro sistema legal concede al autor desde su creación, sin requerir ningún tipo de formalidad, un monopolio de explotación sobre su obra. El autor, conforme dispone el art. 2 de la ley 11.723, tiene las más amplias facultades con relación a su obra, puede disponer de ella, publicarla, ejecutarla, representarla, exponerla, enajenarla, traducirla, adaptarla, autorizar su traducción y reproducirla de cualquier forma (8). El autor puede hacer valer este derecho erga omnes, impidiendo que cualquier tercero pudiere publicar, modificar, reproducir, distribuir, o ejercer otro derecho no autorizado sobre su obra sin su consentimiento. Como indica el doctor Emery: "Este artículo consagra en términos amplios los derechos exclusivos del autor, conocidos como derechos patrimoniales. Estos derechos, en el campo del derecho de autor, están "dentro de los derechos reales como un típico dominio imperfecto, por ser temporarios para el mismo autor y sus derechohabientes" (9). En consecuencia con lo expuesto, el plagio, al configurar una reproducción no autorizada de su obra, vulnera los derechos patrimoniales que la ley ha otorgado al autor. Pero también debe mencionarse que el plagio vulnera los derechos morales del autor (10), al omitirse la paternidad del autor y en muchos casos modificarse el contenido de la obra sin autorización para disimular el acto ilícito, conducta a la cual la doctrina alude como "Plagio inteligente" (11), para diferenciarla del plagio "burdo" o "servil" (12).
IV. Abuso de cita
Una modalidad tristemente popular, de comisión del delito, es la denominada "abuso de cita". El abuso de cita se produce cuando se reproducen fragmentos de una obra ajena sin mencionar debidamente a su autor o excediendo los lineamientos establecidos en la ley. El derecho de cita, por su lado se encuentra receptado en nuestro ordenamiento en el art. 10 de la ley 11.723 que establece: "Cualquiera puede publicar con fines didácticos o científicos, comentarios, críticas o notas referentes a las obras intelectuales, incluyendo hasta mil palabras de obras literarias o científicas u ocho compases en las musicales, y en todos los casos sólo las partes del texto indispensables a ese efecto.
Quedan comprendidas en esta disposición las obras docentes, de enseñanza, colecciones, antologías y otras semejantes. (…)
V. Requisitos
El plagio puede configurarse mediante la copia total o parcial de una obra ajena, siendo condición necesaria el conocimiento del plagiario de la obra plagiada (15). Esto no impide que existan casos de plagio de obras inéditas (16), aunque los mismos son menos usuales. El conocimiento, sin embargo, se presupone cuando existen suficientes similitudes entre ambas obras, que obliga a descartar la coincidencia casual. A los efectos de dicha apreciación debe tenerse en cuenta la calidad de dichas similitudes, ya que el número no es relevante cuando "dichas coincidencias recaen sobre circunstancias insustanciales o carentes de originalidad" (17). La ley requiere simple dolo por parte del autor del delito, no siendo necesario probarse ardid u otro requisito subjetivo.
Con relación al requisito de inscripción de la obra del art. 63 de la ley 11.723, el doctor Satanowsky distingue el ejercicio de los derechos pecuniarios, que supedita a la inscripción de los derechos morales, que resultan de la sola creación (18).
En cambio la Sala "F" ha sostenido, que la autoría de una obra intelectual al nacer con la creación y no con su inscripción no se pierde por no haberse cumplido con el registro requerido, "ni el simple cumplimiento de éstos obra en provecho del depositante una acción de plagio si la obra no es más que la copia de otra, agregando que de otro modo, habría que admitir que el usurpador o plagiario puede convertirse en propietario legítimo" (19).
En consecuencia, ante la ausencia de inscripción, el autor puede sin lugar a dudas obtener el resarcimiento de sus derechos morales vulnerados, con relación a sus derechos patrimoniales, la situación puede ser más conflictiva, ya que hay opiniones encontradas a este respecto.
Cualquier tipo de obra puede ser objeto de plagio, tanto obras literarias, como plásticas, teatrales, cinematográficas, televisivas, arquitectónicas, musicales, etc.
(…)
Otra obra que merece especial atención por su actualidad es la obra televisiva, sobre la que he escrito con anterioridad (23). Baste para esta ocasión mencionar que en el caso de un reclamo de plagio que involucra a dos obras televisivas. Debe a efectos del análisis efectuarse una prueba dual, consistente en una prueba extrínseca y otra intrínseca. Primero, se debe desarrollar la prueba extrínseca, que es una evaluación objetiva que se focaliza en las similitudes entre el esquema, tema, diálogo, ánimo, ambientación, ritmo, personajes y secuencia de eventos (24), detectando todos los elementos en común entre las dos obras; de dichos elementos deben descartarse los elementos no protegibles ("scènes à faire" — (25)— , es decir escenas que surgen naturalmente de las premisas de la trama básica, elementos comunes a otros programas anteriores, y elementos comunes que hayan surgido de la llamada "herencia directa" o del "fenómeno de impregnación).
Si se satisfacen los requisitos de la prueba extrínseca, se realiza finalmente la prueba intrínseca, en la cual el análisis es más exhaustivo determinándose si las similitudes van más allá de las necesidades del tema y descartan la posibilidad de "accidente literario" (26). La prueba intrínseca consiste en cotejar las dos creaciones como un todo y no desviando la atención solamente en las coincidencias existentes (elementos extrínsecos) con el fin de determinar si las dos obras son substancialmente similares a los ojos de un observador promedio.
Probablemente, en la Argentina el caso que mayor interés suscitó últimamente por parte de la prensa y el público, posiblemente por haber llegado a la justicia, es el caso "Gvirtz", donde la Sala V de la Cámara Nacional de Apelaciones en los Criminal y Correccional resolvió la querella entablada por Raúl y Gastón Portal contra Diego Gvirtz, productor del programa televisivo denominado: "Televisión Registrada" (T.V.R.), por haber supuestamente plagiado el programa televisivo denominado "Perdona Nuestros Pecados" (P.N.P) de autoría de los Sres. Raúl Portal y Gerardo Sofovich y titularidad del Sr. Gastón Portal, sobreseyendo a Diego Gvirtz (27).
VI. Encuadre Jurídico de la figura
Como sostiene el doctor M. Emery, "La ley 11.723 no configura expresamente el plagio, por lo que se lo debe considerar contenido en la genérica figura penal del art. 71 y, en cuanto importa una lesión al derecho de reproducción en el art. 72, especialmente en su inc. c." (28).
El art. 71 de la ley 11.723 hace una remisión expresa al art. 172 del Cód. Penal. Esta remisión es exclusivamente quod poenam, es decir a los efectos de la pena allí establecida. El art. 172 del Cód. Penal, establece una pena de prisión para el delito de plagio de 1 mes a 6 años. Debe indicarse que en virtud del instituto de Probation, receptado por el art. 76 bis del Cód. Penal (29), y la Condena de ejecución condicional prevista en el art. 26 del Cód. Penal (30), la pena de prisión raramente se efectiviza. El delito es de acción pública por lo tanto puede iniciarse de oficio, por denuncia, pudiéndose constituir el damnificado en parte querellante. (…)
VIII. Conclusión
En la actualidad se verifica una importante cantidad de reclamos de plagio, aunque muchos de ellos infundados. Considero que la principal causal de esta situación no es la malicia sino el desconocimiento del sistema legal de derecho de autor. Asimismo, considero que la especialidad que reviste el derecho de autor amerita y justifica la creación de tribunales especializados para resolver estas cuestiones.
Especial para La Ley. Derechos reservados (ley 11.723)
(1) Este reclamo motivó una denuncia penal, en la que fue sobreseído el Sr. Zicolillo, y un juicio civil caratulado "Ribak, Marcos c. Zicolillo, Jorge Ignacio s/daños y perjuicios" donde ha recaído sentencia de primera instancia en la cual se condena a Zicolillo por el plagio efectuado.
(2) No puedo dejar de mencionar la excelente y literaria definición que nos ha proporcionado la sala VI de la Cámara del Crimen: "El delito de plagio reside en la acción dolosa del plagiario decidido a vestir con nuevos ropajes lo ya existente, para hacer creer que lo revestido es de cosecha propia. CNCrim. y Corr., sala VI, 21/10/79, ED, 88-493.
(3) Satanowsky indica refiriéndose al plagio que "se trata de la forma más corriente de violar el derecho de un autor, siendo el medio más perjudicial y grave y que lesiona más profundamente la esencia del derecho de autor (conf. Satanowsky, op. cit., p. 191, N° 470).
(4) "Las ideas son libres, y por no constituir una obra intelectual, ni una creación completa, su autor no goza de protección alguna, ya que la ley protege en realidad la forma de la manifestación intelectual, o sea el método, el estilo personal que emplea el autor para exteriorizar su pensamiento", CNCiv., sala F, 25/04/72, ED, 43.619. También, "... Como sostiene mayoritariamente la doctrina, el plagio no existe cuando en una obra sólo se apropian las ideas, pensamientos o sujetos generales de otra creación, desde que puede existir similitud y hasta identidad de esos elementos sin que exista plagio; ello así por cuanto la idea no tiene autor, a nadie pertenece en exclusividad ni persona alguna puede ejercer monopolio sobre ella. Por lo tanto si en el caso las obras de la actora y demandada tienen elementos comunes, pero existen diferencias sustanciales entre sí, no cabe tener por configurado el plagio debiendo rechazarse la pretensión ejercida por la accionante". CNCiv., sala A, 31/10/1989, ED, 136-154.
(5) En sintonía, "Habrá plagio en una compilación cuando se toma de una obra de ese género alguna cosa que le pertenece como propia, como la elección de las materias o la redacción, o el orden general o de los detalles, pero no lo hay cuando los materiales son de dominio público y el orden seguido en su arreglo es el único posible; los actos oficiales no caen el dominio de la propiedad intelectual (CNCiv., sala D, abril 30-1974), ED, 56-344.
(6) En este sentido la sentencia de la CNCiv., sala E, julio 28-1983, ED, 114-684. Los jueces no deben determinar si una obra tiene o no valor científico, debiendo limitarse a establecer si ha habido plagio o copia. Lo que la Ley sanciona es la apropiación de un esfuerzo intelectual ajeno.
(7) LIPSZYC, Delia, "Derechos de autor y derechos conexos", Unesco - Cerlalc - Zavalía, Buenos Aires, 1993, p. 61.
La sala D de la Cámara Nacional Civil en "A.G.I. c. Kaiser Alberto J.", por su parte ha definido a la "Obra" diciendo que: "Es obra intelectual toda expresión personal, perceptible, original y novedosa de la inteligencia, resultado de la actividad del espíritu, que tenga individualidad, sea completa y unitaria, y que represente o signifique algo que sea una creación integral." CNCiv., sala D, 24/02//1997. "Propiedad Intelectual", t. III, Ed. Iuris, p. 103. Debo advertir, que no concuerdo con la última definición, ya que se incorpora el concepto de "novedad", no siendo ésta una condición necesaria de la protección. En este sentido, la Dra. Lipszic aclara: "las obras pueden ser novedosas, pero el derecho de autor no exige la novedad como condición necesaria de la protección. Es suficiente que la obra tenga originalidad o individualidad: que exprese lo propio de su autor, que lleve la impronta de su personalidad". LIPSZYC, Delia, "Derechos de autor y derechos conexos", Unesco - Cerlalc - Zavalía, Buenos Aires, 1993, p. 65.
(8) Considero que no era necesario incorporar en el artículo citado esta enumeración de facultades, por cuanto las mismas se encuentran comprendidas dentro de la facultad de disposición.
(9) EMERY, Miguel Angel, "Propiedad Intelectual", Ed. Astrea, p. 62. citando a la jurisprudencia de la CCiv. y Com. Rosario, sala II, 10/3/93, LA LEY, 1997-D, 151.
(10) Los llamados derechos morales se encuentran receptados principalmente en los artículos 22, 39, 47, 51 y 52 de la ley 11.723.
(11) A este respecto citamos el caso "Troncoso" donde el tribunal sostuvo que el plagio se había materializado "mediante el procedimiento de redactar de otra manera lo que el perjudicado había revelado con antelación". CNCrim. y Corr., sala VI, 21/12/79, LA LEY, 1980-A, 543.
(12) Así se sostuvo que: "Hay plagio en general, cuando existe imitación de cierta magnitud respecto de la obra plagiada, no de la idea, cuando pese a diferencias triviales, variaciones, agregados o reducciones, la obra presenta en comparación con la anterior una semejanza tal que permita reconocer que se trata, en el fondo, de una misma representación individual (CNCiv., sala E, julio 28-1983) (153-SJ), ED, 114-684.
"Se comete plagio todas las veces que un autor toma alguna cosa que es propia de la invención de otro y procura hacerla pasar por suya, sea un elemento de fondo o de forma, una situación, un desarrollo, una simple frase; y ello, aunque la obra presente diferencias triviales con respecto a la plagiada, rebuscadas intencionalmente para ocultar o disimular el hecho" (CNCiv., sala D, abril 30 1974), ED, 56-344.
(13) "Protección de los programas de televisión frente al plagio", LA LEY, 2005-D, 571.
(14) Para el caso de obras televisivas, la industria ha consensuado la utilización de hasta tres minutos pero siempre bajo los lineamientos del art. 10 de la ley 11.723 (Adla, 1920-1940, 443): (i) inclusión como cita en otra obra, (ii) para fines didácticos, científicos, periodísticos, críticas, (iii) solo las partes de la obra ajena indispensables para los efectos mencionados; También, si bien artículo 10 no lo menciona expresamente, debe individualizarse claramente al autor y a su fuente.
(15) "El plagio consiste en hacer que aparezca como propio lo que pertenece a otros, sien la mala fe, o sea, el dolo inherente al acto realizado y el daño producido, el arrebatar esa propiedad intelectual (CNCiv., sala D, abril 30-1974), ED, 56-344.
(16) Citamos un caso de plagio de obra inédita donde se rechazó una defensa desprovista de fundamentación legal. "El argumento de que, por ser inédito el libro de la actora, su publicación no autorizada no sólo no le produjo un perjuicio, sino que, por el contrario, la benefició por cuanto hizo conocer su obra, resulta inatendible a fin de exonerar al infractor de resarcir los daños causados por el plagio, ya que ello implicaría premiar a los editores deshonestos y a los plagiarios por difundir la obra de aquellos que son víctimas de esas ilícitas maniobras" (CNCiv., sala D, junio 23-1976). ED, 71-255.
(17) "Arce, Rodolfo Adríán c. Suar, Adrián y otros s/daños y perjuicios", CNCiv., sala E, 20/10/2005.
(18) SATANOWSKY, Isidro, "Derecho Intelectual", ps. 139 y 140.
(19) Sala F, ED, 151-242.
(20) A modo de ejemplo, el tema "Let it be" de Los Beatles tiene la misma armonía que el tema "Woman no cry" de Bob Marley, or "With or without you" de U2. Con relación al ritmo, las obras musicales pertenecientes al mismo género en la mayoría de los casos comparten el mismo ritmo musical.
(21) CNCiv., junio 23-1976, ED, 71-255.
(22) GAFFOGLIO, Loreley, "El plagio literario, un acto entre la admiración y la codicia", Diario La Nación, 17/04/2006, p. 10.
(23) Ver, "Formatos Televisivos. Su protección legal bajo el sistema de derecho de Autor"; "La Legalización del mundo del espectáculo" y "La protección de programas de televisión frente al plagio", LA LEY, 2005-B, 1094; 720; 2005-D, 571.
(24) "Kouf v. Walt Disney Pictures & Televisión, 16 F.3d 1042, 1045 (9th Cir. 1994).
(25) La doctrina norteamericana de "scènes à faire" entiende que programas del mismo género o materia, tendrán inevitablemente elementos en común propios de ese género o materia, y precisamente esos elementos comunes se excluyen del análisis comparativo a efectuarse.
(26) Shaw, 919 F2d at 1363.
(27) La causa se encuentra actualmente en el Tribunal de Casación para resolver la apelación interpuesta por la parte querellante.
(28) EMERY, Miguel Angel, "Propiedad Intelectual", Ed. Astrea, p. 285.
(29) Art. 76 bis.- El imputado de un delito de acción pública reprimido con pena de reclusión o prisión cuyo máximo no exceda de tres años podrá solicitar la suspensión del juicio a prueba.
En los casos de concurso de delitos, el imputado también podrá solicitar la suspensión del juicio a prueba si el máximo de la pena de reclusión o prisión aplicable no excediese de 3 años.
Al presentar la solicitud, el imputado deberá ofrecer hacerse cargo de la reparación del daño en la medida de lo posible, sin que ello implique confesión ni reconocimiento de la responsabilidad civil correspondiente. El juez decidirá sobre la razonabilidad del ofrecimiento en resolución fundada. La parte damnificada podrá aceptar o no la reparación ofrecida, y en este último caso, si la realización del juicio se suspendiere, tendrá habilitada la acción civil correspondiente.
Si las circunstancias del caso permitieran dejar en suspenso el cumplimiento de la condena aplicable, y hubiese consentimiento del fiscal, el tribunal podrá suspender la realización del juicio.
Si el delito o algunos de los delitos que integran el concurso estuviera reprimido con pena de multa aplicable en forma conjunta o alternativa con la de prisión, será condición, además, que se pague el mínimo de la multa correspondiente.
El imputado deberá abandonar en favor del Estado, los bienes que presumiblemente resultarían decomisados en caso que recayera condena.
No procederá la suspensión del juicio a prueba cuando un funcionario público, en el ejercicio de sus funciones, hubiese participado en el delito.
Tampoco precederá la suspensión del juicio a prueba respecto de los delitos reprimidos con pena de inhabilitación.
(Nota: texto conforme la ley 24.316 — Adla, LIV-B, 1400— )(Nota: texto conforme la ley 24.316 — Adla, LIV-B, 1400— ).
(30) Art. 26, Código Penal. En los casos de primera condena a pena de prisión que no exceda de tres años, será facultad de los tribunales disponer en el mismo pronunciamiento que se deje en suspenso el cumplimiento de la pena. Esta decisión deberá ser fundada, bajo sanción de nulidad, en la personalidad moral del condenado, su actitud posterior al delito, los motivos que lo impulsaron a delinquir, la naturaleza del hecho y las demás circunstancias que demuestren la inconveniencia de aplicar efectivamente la privación de libertad. El tribunal requerirá las informaciones pertinentes para formar criterio, pudiendo las partes aportar también la prueba útil a tal efecto.
Igual facultad tendrán los tribunales en los casos de concurso de delitos si la pena impuesta al reo no excediese los tres años de prisión.
No procederá la condenación condicional respecto de las penas de multa o inhabilitación.
© La Ley S.A.
http://www.justiniano.com/revista_doctrina/Gafoglio/el_plagio.htm

jueves, 15 de abril de 2010

Ley SCA: Una opinión autorizada sobre la posible aplicación de la nueva ley

Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2010

Entrevista a Miguel Rodríguez Villafañe, abogado constitucionalista y especialista en Derecho a la Información
"El per saltum es la solución para poner en marcha la ley"

Katy García
PrensaRed/Rebelión


El abogado Miguel Rodríguez Villafañe propone como solución jurídica adecuada para que empiece a funcionar la Ley de Comunicación Audiovisual la figura del per saltum, es decir la pronta intervención de la Corte Suprema. "La presentación debería hacerla el Estado Nacional", opina.

El reconocido abogado constitucionalista y especialista en Derecho a la Información actualiza el debate acerca de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA,Nº 26.522) sancionada, democráticamente, en ambas cámaras, promulgada por el Poder Ejecutivo y publicada en el Boletín Oficial, y ahora suspendida en su aplicación por medidas cautelares. Cuestiona esta medida y propone al per saltum como un recurso eficaz para enfrentar la estrategia opositora a la Ley que propone la dilación de su aplicación.

“Como está planteado el frente judicial al menos en la política proactiva de quienes están en contra de la Ley, encuentra al Estado de alguna manera sin una estrategia judicial integral para enfrentarlo. Era sabido que pasada la confrontación ante la sociedad y ante el poder legislativo el próximo frente necesario era el judicial”, evalúa.

En este sentido, reflexiona sobre el funcionamiento de la Justicia. “El poder judicial es un poder político; pero, fundamentalmente, es un poder técnico. Esto significa que si bien pujan las ideas, requiere de un conjunto de procedimientos y soportes técnicos para hacer revertir decisiones judiciales desacertadas”. Indudablemente, se refiere a la existencia de instrumentos legales y a la selección de una estrategia para enfrentar la judicialización a la que fue sometida le la LSCA.

Actualmente, no hay ley que regule a las comunicaciones. “La anterior está derogada y la nueva está suspendida, y esto en derecho se llama anomia. Esto es gravísimo para las instituciones y la democracia”, advierte. En esa perspectiva observa que la salida adecuada a esta maraña de juicios diseminados por el país, por los que se suspende para todos la aplicación de la nueva norma, sería "la presentación de este recurso -per saltum- por parte del Estado ante la Corte Suprema de Justicia".

-¿Por qué una ley sancionada por ambas cámaras fue suspendida por una medida cautelar?

-Recordemos que la suspensión, por medida cautelar, dispuesta respecto de la Ley 26522 por la justicia federal de Mendoza y Salta, fue realizada a petición de los diputados nacionales por la provincia de Mendoza Enrique Thomas y por la provincia de Salta, Zulema Beatriz Daher. En ambos casos, lo hacen como diputados nacionales y piden una medida cautelar que suspenda la ley integra.

El Poder Judicial actúa en casos puntuales, no genéricos, paralizar una ley en todo el país, es un caso atípico e inconstitucional.

Sobre esto, debo decir primero que el tema del que se agravian los diputados, se trata de una típica cuestión política no judiciable que supera la jurisdicción de la Justicia Federal mendocina y salteña. No se ha escuchado a la otra parte que es el Estado y se ha concedido bajo caución juratoria personal y no real.

Además, se ha roto -por parte del Juez- el principio de presunción de legitimidad de la norma. Se presume que lo que hace el Estado es válido. Puede que no lo sea, pero hay que demostrarlo. La medida cautelar se dicta sin escuchar a la otra parte, y en los casos referidos, automáticamente hace lugar al pedido de la parte, pasando por arriba la presunción de legalidad de los actos del Estado. Todos esos argumentos hacen que sea imposible tomar una medida con esa laxitud, como adoptaron en Mendoza y Salta.

-¿Estamos ante una maniobra política?

Ni hablar, por supuesto. Esa medida, en cualquier lugar, se toma por lo menos exigiendo fianzas dinerarias y reales. Sin embargo, en Salta y Mendoz a se actuó siguiendo la afirmación “juro que lo que digo es verdad”. En el caso de Salta, aún está en primera instancia y ni siquiera se han notificado. Y en Mendoza pasó a segunda instancia con fallo confirmatorio de lo decidido en primera instancia. Así está el tema hoy.

La presunción de constitucionalidad obliga a una estricta apreciación de las circunstancias del caso. Para la admisión de una medida cautelar semejante, debe agregarse la acreditación del peligro irreparable en la demora y la consideración del interés público.

No cabe admitir la inconstitucionalidad o invalidez de una ley sin que medie un análisis concreto, preciso y detallado sobre los elementos y pruebas que, al menos prima facie, privarían a esos actos de su validez en derecho como lo dice la hermenéutica jurídica.

-Usted, como especialista en derecho a la información, ¿qué remedio propone para ponerle fin a la cuestión?

-Creo que es urgente el avocamiento por “per saltum” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a fin de crear un criterio único y definitivo en la temática y evitar que cuando se neutralice un ámbito judicial federal, no inauguren uno nuevo, indefinidamente. Está claro que la estrategia de quienes atacan la ley 26522 es diferir la aplicación de la ley de servicios de comunicación audiovisual y tener amenazados a los funcionarios públicos de incumplimiento de órdenes judiciales.

Hay numerosos juicios presentados pero fundamentalmente podemos resumirlos en dos tipos. Los presentados en Capital Federal y que fueran iniciados por cablevisión, multicanal etc. y que están circunscriptos a supuestos agravios que tendrían algunos artículos de la ley como de los que mandan a tener menos titularidades y que obligan a vender a algún medio etc. Pero se circunscriben a esos puntos y para esos casos.

Lo más grave se está dando en el escenario abierto particularmente por estos legisladores nacionales. Un caso intermedio que se ha dado en Salta y es la presentación de una organización de usuarios pero aún así está circunscrito a unos artículos y no a toda le ley. En este caso, tiene un bemol la medida del Juez que prohíbe que el poder ejecutivo reglamente la ley, lo cual es una monstruosidad porque por definición es una facultad exclusiva y excluyente de ese poder hacerlo. Después podrá decir tal artículo afecta a tal cual interés etc. pero no puede prohibir que lo haga.

- ¿Qué pasaría si se da una circunstancia que exija la aplicación de la ley?

-Ahí está el problema en este momento. Si la respuesta es técnica: no hay ley porque la anterior está derogada y la nueva está suspendida y no declarada inconstitucional con sentencia. Pero al ser suspendida y no declarada constitucionalmente firme, tampoco está derogada. La anterior está derogada y la nueva está suspendida. Se da lo que en el derecho se llama anomia. Sin norma.

- ¿Porqué habría que dar el per saltum?

-Este instituto que yo propongo es novedoso y ya se utilizó en el país en la famosa causa (Roberto) Dromi (ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación durante la presidencia de Carlos Menem) en el caso Aerolíneas Argentinas. Establece que la corte puede avocarse a causas no terminadas y tomar un criterio general para todas. ¿Qué sentido tiene que la Corte falle en el caso Mendoza si luego viene Salta? La estrategia de estos sectores -que se oponen a la vigencia de la ley- es empezar a minar al país. Fallan jueces de primera instancia, va a la cámara, no hace lugar y pasa de ahí a la Corte. La Corte falla y empieza otro caso porque los van activando cronológicamente después. Con ese criterio, podemos estar tres años sin que se pueda aplicar la ley. Es como estar apagando incendios en distintos lugares, constantemente.

- Usted dice que esta situación entraña una gravedad institucional. ¿Qué significa esto?

-Es así porque falta la norma que regule a todas las comunicaciones audiovisuales, no hay un órgano que aplique la ley, todo esto se presta a que los piratas tengan patente de corso. En este planteo, los diputados más allá de los agravios que pueden haber aducido y aún cuando se considere que fuera cierto algunas faltas al reglamento de la Cámara, es inaceptable que pretendan por ello reflotar una ley del Proceso, como la 22285, que viola derechos humanos, es discriminatoria, antidemocrática y atenta contra el federalismo.

A su vez, lo decidido por los jueces es una típica resolución propia de la Teoría del Ritual Manifiesto, que implica que no se puede sobrevalorar los procedimientos por sobre los objetivos sustanciales del derecho.

El hecho de que coyunturalmente no se hayan guardado las formas, no permite que se caiga una norma. Hay que demostrar que hay un derecho que no se tuteló. Las formas por las formas mismas no se t utelan. Lo que se tutelan son derechos.

Lo que se está haciendo, como se ha dicho, es retroceder a una ley que no respeta derechos humanos, que retrotrae a la lógica de la ley de Seguridad Nacional que volvía enemigos a los propios argentinos con los cual se justificaron las atrocidades que se cometieron en la época del proceso.

Es una contradicción que un diputado se agravie porque supuestamente no lo escucharon y presenta una incidencia que no tenía chance porque tampoco iba a producir un cambio en la votación. Parece un contrasentido, incluso, en lo que hace a la función del diputado como representante del Estado nacional y de los derechos de los ciudadanos.

Todo esto es peligroso a dos puntas, porque por un lado en la oposición no aparece con firmeza la defensa de una ley que es de todos y en el caso del Estado no aparece con una estrategia jurídica integral, que sería necesaria para defenderla.

Rebelión h a publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 6 de abril de 2010

Comunicación Social: Primer año de todas las carreras ISFDAC

Apunte N° 3 para Teoría y Práctica de la Comunicación
La Rioja, marzo de 2001 – revisado 2010
Docente: Lic. María Rosa Di Santo




Modelos y perspectivas
aplicados a la comunicación






La comunicación se constituyó en objeto específico de estudio durante el siglo XX, al calor de la aparición y desarrollo de las ciencias sociales, por un lado, y como parte de la preocupación general por los medios de comunicación con alcance masivo que fueron surgiendo, por el otro. Para ubicarnos en el tiempo, hay que tener en cuenta que el cine data de fines del siglo XIX, la radio de principios del XX y la difusión de la televisión de mediados del XX. Antes existían libros y medios de prensa gráfica. Después vendrán las nuevas tecnologías tales como las computadoras y las redes informáticas. Pero los estudios sistemáticos y las conjeturas y teorías científicas sobre comunicación recién se desarrollan, y en forma exponencial, ante los medios electrónicos de comunicación: la radio y la TV.
Obviamente, la comunicación fue primero preocupación de algunos sociólogos, psicólogos, periodistas, lingüistas y semiólogos, hasta que se estructuró la formación profesional específica en comunicación. Los enfoques y perspectivas diferentes fueron generando ‘modelos’ diferentes. Vamos a repasar, a través del siglo, algunos de esos principales modelos, esquemas o paradigmas aplicados a la comunicación .

En general, la aparición de los ‘mass media’ o ‘medios de masa’ como se los llamó primero, despertaron el interés de pensadores y científicos en tres dimensiones:
- El impacto de los medios en los públicos
- La naturaleza básica del acto comunicativo
- Consecuencias de los sistemas de comunicación de acuerdo a condiciones variables de propiedad y/o control.

Las respuestas a las preguntas que se originaron, dependieron de los centros de interés y los enfoques teóricos pre-existentes, como veremos.


Modelo del Funcionalismo estructural


La corriente del Funcionalismo estructural fue adoptada por los primeros sociólogos, se desarrolló con Emile Durkheim y se perfeccionó con los aportes de Robert Merton siempre sobre la vieja idea de Platón de que “la organización y estructura de una sociedad aporta la fuente de su estabilidad” . Con el término ‘estructura’ se hace referencia “a la manera en que son organizadas las actividades repetitivas de una sociedad” en torno a la familia, el mercado, el estado, la iglesia, etc. La ‘función’ es “la contribución que realiza una forma particular de una actividad repetitiva a fin de mantener la estabilidad o el equilibrio de una sociedad” (op.cit. p. 36).
Merton ofreció el siguiente resumen de los postulados del funcionalismo estructural respecto de la naturaleza de la sociedad:
“1.- Una sociedad puede ser concebida como un sistema de partes interrelacionadas; es una organización de actividades interconectadas, repetitivas y acordes a un esquema.
2.- Tal sociedad tiende naturalmente a alcanzar un estado de equilibrio dinámico; si se produce una falta de armonía, aparecerán fuerzas tendentes a restaurar la estabilidad.
3.- Todas las actividades repetitivas dentro de una sociedad realizan alguna contribución a un estado de equilibrio; en otras palabras, todas las formas persistentes de una acción, acorde a una pauta, desempeñan un papel en mantener la estabilidad del sistema.
4.- Cuando menos algunas de las acciones repetitivas y acordes a una pauta, dentro de una sociedad, son indispensables para su existencia continuada; es decir, existen requisitos previos y funcionales que llenan necesidades críticas del sistema, el que no perduraría sin aquellas” (p.37).
¿Cómo se aplican estos principios al nuevo fenómeno de la comunicación de masas?
“Los medios y el proceso de la comunicación de masas son acciones repetitivas y acordes a una pauta, dentro del sistema social existente en la sociedad en la que operan”. Hay “dependencias estructurales” entre los medios y el sistema social. El funcionamiento de los medios “contribuye al equilibrio social” e incide tanto sobre el sistema como sobre los usuarios de medios. Si los medios provocan ‘conductas desviadas’ – siempre según esta corriente teórica – se convierten en ‘disfuncionales’ (p. 37).

Reformulado, este modelo mantiene vigencia entre los sociólogos contemporáneos, como A. Giddens y P. Bourdieu.
El concepto de estructura será retomado y redefinido por Bourdieu y por Giddens. Bourdieu, por ejemplo, habla de estructura como “el conjunto de posiciones que ocupan los agentes sociales y a las relaciones entre esas posiciones”, que los hombres no eligen, y que lo condicionan de dos maneras: externas al sujeto y por eso estructuras objetivas, lo social hecho ‘cosa’ (estructuras sociales externas o campos), por una parte, e internas, internalizadas, subjetivas o ‘lo social hecho cuerpo’ (estructuras sociales internas o habitus), por la otra. Desde esas condiciones y disposiciones, el hombre construye, decide, a veces reflexivamente, a veces no, al calor de la acción y en cada una de sus prácticas sociales. Por eso Bourdieu se considera un estructural-constructivista.
Giddens, si bien también retoma el concepto de estructura, estudia lo social desde la agencia humana, es decir la capacidad de construcción del hombre, puesto que considera a los sujetos como “diestros, competentes, conscientes y reflexivos” (Ib. Pág 104), en el sentido de que son capaces de aprender de sus propios actos, de los contextos donde actúan, de sus reglas y de los demás agentes.
Giddens presenta su teoría social general como una “teoría de la estructuración o de la doble estructuración”. Intenta superar la dicotomía entre estructura social y acción social (que siempre es la acción transformadora), para lo cual replantea la relación entre ambas. Ninguna de las dos tiene prioridad o poder sobre la otra. Antes bien, ambas son producidas y reproducidas en las prácticas sociales concretas.



Modelo evolucionista


A diferencia del anterior, que enfatiza la estabilidad y el equilibrio, el modelo evolucionista – también llamado ‘darwinismo social’ - surge de la constatación de que las sociedades urbanas posteriores a las revoluciones industriales cambian constantemente, aunque a diverso ritmo. Por lo tanto, el paradigma evolucionista pone el acento en el cambio. Surge también junto con la sociología como ciencia, de la mano de Herbert Spencer y básicamente establece una analogía entre la sociedad y un organismo vivo. Según esto, “una sociedad se organiza y se desarrolla como un organismo biológico” no porque lo sea, sino porque “se asemeja a tal organismo en su estructura y en los procesos de cambio”.
Sintéticamente, según esta perspectiva la sociedad cambia según ‘leyes naturales’, dentro de las cuales las más importantes son “la selección natural, la supervivencia de los más aptos y la transmisión hereditaria de las características adquiridas” (p.38/9).
Aplicado a la comunicación y el desarrollo de los medios de comunicación, fue utilizado para decir que “el desarrollo de la comunicación de masas ha sido un proceso evolucionista, tanto en los términos de su tecnología mecánica y científica como en las formas necesarias para que se hiciera un uso social eficaz de esa tecnología, alcanzando los objetivos que fueran considerados importantes por quienes estaban en posición de adoptar decisiones” (p.40).


Modelo del conflicto


Entre los sociólogos ha sido muy utilizado el paradigma que afirma al conflicto entre fuerzas antagónicas como el proceso social más importante. En la búsqueda de una resolución del conflicto se genera un cambio, algo nuevo. Este proceso continuo es llamado también dialéctico. En los análisis de Hobbes y los contractualistas, el conflicto jugó un papel central. Pero fueron Hegel, Marx y Engels quienes desarrollaron las ideas del conflicto social y el proceso dialéctico en un marco analítico del cambio social que es utilizado durante todo el siglo XX por marxistas y no marxistas. Entre los neomarxistas, veremos más adelante la utilidad de la Teoría de la Hegemonía, del italiano Antonio Gramsci.
Sintéticamente el modelo del conflicto postula que:
“1.- Una sociedad puede concebirse como integrada por categorías y grupos de personas cuyos intereses difieren marcadamente entre sí.
2.- Todos estos componentes de la sociedad intentan imponer sus propios intereses, en competencia con otros, o conservar sus intereses resistiendo los esfuerzos competitivos de otros.
3.- Una sociedad así organizada experimenta constantemente el conflicto, cuando sus componentes procuran obtener nuevas ganancias o conservar sus intereses; en otras palabras, el conflicto es ubicuo.
4.- Tras el proceso dialéctico de intereses competidores y conflictivos surge un continuo proceso de cambio; las sociedades no están en equilibrio sino que son continuamente cambiantes” (op.cit. p. 42).
Este modelo es ampliamente utilizado en el campo de la comunicación social, tanto respecto a su condición de mercado en competencia; como en las interrelaciones que se generan entre los medios (considerados como un sector) y los otros grupos o sectores sociales (los consumidores, el estado, los anunciantes, etc.), e incluso en torno a las luchas ‘por el sentido’ de los mensajes que ocurren entre los medios como emisores y los receptores, y los receptores entre sí. Volveremos sobre él.


Modelo del interaccionismo simbólico


Si el enfoque utilizado para intentar entender la comunicación proviene de la psicología social, vamos a encontrar este modelo que es socio-psicológico. La perspectiva del interaccionismo simbólico centra su interés en “el papel crítico del lenguaje tanto en el desarrollo y mantenimiento de la sociedad, como en la conformación de las actividades mentales del individuo”. En consecuencia, enfatiza “las relaciones existentes entre las actividades mentales individuales y el proceso social de la comunicación”.
Sus fuentes pueden rastrearse en Locke y Kant, pero se desarrollaron más entre fines del siglo XIX y principios del XX por los pragmatistas norteamericanos John Dewey, William James y Charles Pierce, en torno a la idea de que las personas se forman ‘ideas’ sobre la realidad exterior y, entonces, “la importancia de objetos o de situaciones no reside en su naturaleza objetiva sino en la conducta de las personas ante ellos” (op.cit. p.43). Ya entrado el siglo XX, y aunque el modelo continúa aportando y siendo objeto de discusión, son fundamentales las contribuciones teóricas de Charles Horton Cooley, sobre todo en torno a la discusión ‘natural/adquirido’, y de George Herbert Mead y su análisis sobre la naturaleza esencial de los símbolos del lenguaje en la vida humana individual y colectiva.
Muy sintéticamente, los supuestos del modelo son:
“1.- La sociedad puede ser entendida como un sistema de significados. Para el individuo, la participación en los significados compartidos, que están vinculados a los símbolos de un lenguaje, es una actividad interpersonal, de la que surgen expectativas estables, y comúnmente entendidas, que guían a la conducta hacia esquemas previsibles.
2.- Desde la perspectiva de la conducta, tanto las realidades sociales como las físicas son construcciones de significados, ya definidas; como consecuencia de la participación de las personas, individual y colectivamente, en la interacción simbólica, sus interpretaciones de la realidad pasan a ser socialmente convenidas e individualmente internalizadas.
3.- Los lazos que unen a las personas, las ideas que tienen de otras personas y sus creencias sobre sí mismas, son construcciones personales de significados que surgen de la interacción simbólica; por tanto, las creencias subjetivas que unas personas tengan de otras y de sí mismas son los hechos más importantes de la vida social.
4.- La conducta individual, en una situación dada de acción, está guiada por las etiquetas y los significados que las personas vinculan con esa situación; por tanto, la conducta no es una respuesta automática a los estímulos de origen externo sino un producto de las construcciones subjetivas sobre uno mismo, sobre otros y sobre las exigencias sociales de la situaciones” (p.44/5).
Este modelo es particularmente importante para comprender las influencias indirectas y a largo plazo que tiene la comunicación social sobre los individuos y la sociedad y mantiene su vigencia, sobre todo cuando se analiza la vida en sociedades complejas, en un ‘ecosistema de medios’ donde el intercambio de significados es ‘mediatizado’, mediado, por esos medios de comunicación. Esto quiere decir que los medios aportan sus interpretaciones a la sociedad y los receptores desarrollan sus propias interpretaciones que pueden o no estar de acuerdo con las ofrecidas por los medios. Desarrollaremos más este paradigma en adelante.


Los modelos psicológicos


La psicología ha aportado varias perspectivas para analizar la comunicación. Desde la neurobiología, desde el conductismo, el psicoanálisis y la orientación cognitiva o Gestalt. Obviaremos el primero, porque no es esencial para la comunicación social.
Al calor del conductismo y su preocupación por fenómenos exteriormente observables en términos de Estímulo-Respuesta, en la década el 20 surgió la primera teoría de la comunicación conocida como de ‘la aguja hipodérmica’ o ‘bala mágica’, entre otros nombres. Esta teoría fue rápidamente abandonada, apenas un tiempo después que los estudios empíricos de comunicación la refutaron. Igualmente, la veremos entre las corrientes norteamericanas, más adelante.
Exactamente como contraste del conductismo, el paradigma psicoanalítico se interesa en las actividades mentales individuales y los procesos inconscientes, nunca directamente observables sino a través de las conductas y el lenguaje. Por ahora, su utilidad ha sido relativa en los estudios de comunicación.
En cambio, el modelo de la orientación cognitiva que surgió de la teoría de la Gestalt desde los años 20 sí trajo aparejados aportes importantes a la comunicación. Este paradigma “concede abiertamente un lugar central a las actividades mentales de los seres humanos comunes en la conformación de su conducta” (p.48).
Sintéticamente, el modelo cognitivo postula que:
“1.- Los miembros individuales de una sociedad pueden ser concebidos como receptores activos de un aporte sensorial y sus respuestas de conducta ante tales estímulos son moldeados por procesos mentales internos (cognitivos).
2.- Los procesos cognitivos permiten que los individuos transformen el aporte sensorial de diversas maneras: lo codifican, lo almacenan, lo interpretan selectivamente, lo distorsionan, lo recogen para su uso posterior en decisiones de conducta.
3.- Los procesos cognitivos que desempeñan papeles primordiales para moldear la conducta de un individuo incluyen la percepción, las imágenes, los sistemas de creencias, las actitudes, los valores, las tendencias al equilibrio en tales factores, más el recuerdo, el pensamiento y otras numerosas actividades mentales.
4.- Los componentes cognitivos de la organización mental de un individuo determinado son producto de sus experiencias previas, de aprendizaje, que pudieron haber sido deliberadas, accidentales, sociales o solitarias” (op.cit. p. 49).
Este enfoque, como veremos, es fundamental para entender cómo son percibidos los mensajes y cómo la percepción afecta la significación; y qué papel juegan – e incluso cómo pueden ser afectados - las actitudes, el conocimiento, los valores, etc. en el proceso de comunicación, entre otros tópicos.


El modelo informacional de la comunicación


La teoría de la información o la teoría matemática de la comunicación o teoría del rendimiento informacional nace en la década del 40 a partir de los trabajos de ingenieros en telecomunicaciones preocupados por “mejorar la velocidad de la transmisión de los mensajes, disminuir las distorsiones y las pérdidas de información, aumentar el rendimiento general del proceso de transmisión de información” hasta alcanzar una teoría de la ‘transmisión óptima’ de datos a través de medios mecánicos. De allí las palabras que utilizan para elaborar el modelo:

Fuente........transmisor.... señal.... mensaje... señal recibida.... receptor... destinatario

Fuentes de ruido

FEEDBACK (o retroalimentación)


Es decir, el modelo está pensado para graficar la transmisión de información entre aparatos (y no seres humanos), primera obviedad que no fue tenida en cuenta al trasladar este esquema a la comunicación. Pero además, la información “no se confunde con el significado”. El significado es un ‘valor atribuido’ a la información.
Dice muy bien Wolf: “Si para la teoría de la información son importantes los aspectos vinculados al significante, a sus características – especialmente la resistencia a la distorsión provocada por el ‘ruido’, la facilidad de codificación y decodificación, la velocidad de transmisión -, para todo lo que en cambio se refiere al aspecto comunicacional no se puede prescindir de la observación de que ‘el mensaje, para el destinatario humano, adquiere un significado y puede tener muchos sentidos posibles (...). El destinatario extrae el sentido que debe atribuir al mensaje del código, no del propio mensaje. (...) Incluso podemos decir que, hasta la aparición del código, no existen ni siquiera los significantes, sino sólo señales” (op.cit. 131).
Pese a sus limitaciones, el modelo informacional fue usado durante mucho tiempo para esquematizar el proceso de comunicación, en parte por su simplicidad, en parte por la influencia de la ‘lingüística jakobsoniana’.


El modelo lingüístico de Roman Jakobson


Durante los años 60, Jakobson consideró las coincidencias entre el modelo informacional y la lingüística, generalizó el empleo del modelo al problema de la información semántica, atenuó su especificidad técnica- ‘dulcificándolo’ dice Wolf irónicamente - y concibió “un modelo comunicativo que focaliza la forma en que la información se propaga según un código común y uniforme, dentro de la relación funcional de emisión/recepción, reduciendo la recepción al sentido literal del mensaje”.
Según esta propuesta, “la actividad comunicativa está representada como transmisión de un contenido semántico fijo entre dos polos asimismo definidos, encargados de codificar y decodificar el contenido según las restricciones de un código a su vez establecido” (op. cit. p.135).
Pero los aportes de la semiótica (o semiología en Europa) y de la sociología vendrán a negar que el nudo problemático de la comunicación sea únicamente ‘la transmisión de un contenido semántico fijo’ según ‘un código común y uniforme’, como decía Jakobson. Los estudios sobre efectos a largo plazo y las aproximaciones de la semiología (de Umberto Eco entre otros), que ya se habían iniciado, estaban brindando otras pautas para el análisis. Y hasta llegar al modelo actual, el socio-semiótico, hubo dos esquemas de transición: el semiótico-informacional y el semiótico-textual.


El modelo semiótico-informacional


Básicamente lo que genera la necesidad de replantear el modelo de Jakobson es el enfoque explícito sobre la significación. Y esta idea surge a partir de otra, la de código y lo que Eco (1976) va a llamar subcódigo. El código compartido es la condición necesaria, por ejemplo hablar un mismo idioma, para establecer una comunicación básica. Pero los receptores no interpretan en función del código solamente, sino de los subcódigos, es decir, del uso que se hace del código en su contexto y de la ‘carga’ ideológica, estética, afectiva que tienen los signos en su vida y la de su comunidad. Dice Eco: “la propia multiplicidad de códigos y la infinita variedad de los contextos y de las circunstancias hace que un mismo mensaje pueda (de)codificarse desde puntos de vista diferentes y por referencia a sistemas de convenciones distintos” . Una década después, Wittgenstein va a consagrar estas búsquedas en la siguiente afirmación: “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje” (Alsina; p.163).
Entonces ya no basta con decir que hay una transferencia lineal de información en la comunicación, sino que hay que prestar atención a la instancia de decodificación porque es en ella donde el público reconoce y construye el sentido del mensaje recibido. Y se advierte, en consecuencia, que el nivel de competencias en el uso del código no es el mismo entre emisor y receptor. Y, además, que entre ambos hay mediaciones, factores intermediarios que pueden llevar al receptor a construir significados que no son los que el emisor había concebido. Eco llama en su momento a esto (1965) ‘decodificación aberrante’, un concepto que es muy problematizado luego porque, en todo caso, no hace más que subrayar el papel de privilegio del emisor. ¿Por qué deberíamos considerar aberrante la decodificación de un receptor de medios que no entiende el mensaje en el sentido en que lo dice el emisor? Supongamos que el emisor es un ministro que nos quiere convencer de las bondades de su política económica y nosotros dudamos ¿por qué deberíamos decir que nuestra decodificación es aberrante?.
Si un valor importante ha tenido el modelo semiótico-informacional, ese fue que brindó a la investigación sobre medios la idea de que “es indispensable englobar en la estrategia de análisis” la mediación de otras condiciones y agentes que filtran la relación entre emisor y receptor. (Wolf; op. cit. p.141).
Lo que surge como fundamental hasta ahora es la necesidad de que, para comprender mejor el proceso de comunicación haya que prestar atención a la situación comunicativa, al plano de la pragmática.


La situación comunicativa


Los medios producen, en general, tres tipos de mensajes o discursos: periodísticos, publicitarios y lúdicos. Según sea el tipo de discurso, será el tipo de contrato de lectura (como le llama Eliseo Verón) que establece el emisor con el receptor. El periodista pretende establecer un contrato fiduciario, es decir, que el receptor crea que lo que dice, informa y opina es verdad. El publicista propone un contrato manipulador: por un lado dice parte de la verdad, por otro intenta persuadir para vender. Y el productor de discursos lúdicos propone un contrato lúdico, cuyo fin es entretener. Todos estos contratos de lectura son pragmáticos, tienen en cuenta a sus destinatarios y la relación comunicativa que quiere establecer con ellos (Alsina, op. cit. p. 156 y ss.).


El modelo semiótico-textual


Aunque limitado en sus alcances, este modelo sirvió también de transición hacia un planteo más realista del proceso comunicativo. Y básicamente resultó ‘más adecuado’ para analizar problemas específicos de la comunicación social.
De acuerdo con esta perspectiva, la situación a considerar es que los receptores no reciben mensajes individuales sino ‘conjuntos textuales’(programas, modelos, géneros); no reconocen en términos de códigos sino de ‘prácticas textuales’ (el conocimiento que les da su experiencia tras recibir acumulaciones de textos: noticieros, películas de acción; programas de humor; publicidades,etc.); y nunca reciben un mensaje sino varios, tanto en sentido sincrónico como diacrónico. Dicho de otra manera, es “la relación comunicativa la que se construye en torno a ”. Lo que se está reconociendo, ahora sí, es la ‘asimetría’ que existe entre emisor y receptor, y es lo que explica la diferencia entre las competencias comunicativas de uno y de otro. Es a través de los textos como se realiza la cultura. El receptor común no reconoce en términos de códigos, que nunca aprende sistemáticamente más allá de la lengua (y eso es relativo), sino de textos (Wolf. p. 142 y ss.).
La importancia del modelo es que muestra a los emisores que aún cuando busquen limitar al mínimo la impredecibilidad en la recepción de los mensajes que construyen, el alcance de la comunicación social y la heterogeneidad de los receptores siempre somete esos mensajes a un máximo de imprevisión en la instancia de recepción. Y por lo tanto, los emisores deberían saber más sobre los destinatarios.

El modelo sociosemiótico


El avance y el cruce disciplinario fueron dando forma a un modelo superador del proceso de comunicación, un tanto complejo pero mucho más realista desde el punto de vista de lo que ocurre efectivamente.
Alsina lo sintetiza de esta manera: “En el campo de la semiótica hay <... una subdivisión relacionada con el uso de los términos ‘comunicación’, ‘significación’ y ‘producción’. (...) El primero, afluyendo sobre la comunicación, se ocupa del acto concreto en que se intercambia y reparte una información – a través de una señal – entre un emisor y un receptor; el segundo, centrándose en la significación, se ocupa del modo en que se estructura un signo o, si se quiere, del por qué un signo dice lo que dice; el tercero, apuntando a la producción, se ocupa del proceso a través del cual se construye un objeto significante y del rol que esta ‘fabricación’ juega sobre el ‘producto’ final>. Un modelo sociosemiótico de la comunicación social debe recoger como mínimo estos tres campos”.
Y completa la idea: “la comunicación de masas es un proceso que consta de tres fases: producción, circulación y consumo. La producción, que está condicionada política y económicamente, se lleva a cabo en industrias dotadas de una organización productora de discursos. Los productos comunicativos generados sufren una intervención tecnológica, entrando en concurrencia en un ecosistema comunicativo donde circulan. Los distintos productos comunicativos son consumidos por diferentes tipos de audiencias. El consumidor interpreta estos discursos de acuerdo con su biografía y con sus conocimientos previos. Estos discursos pueden producir distintos efectos, y pueden dar lugar o no a alguna reacción conductual”.
En consecuencia, “el proceso de comunicación social es un proceso de construcción sociosemiótica” concluye el autor (Alsina, op.cit. p. 86/7).

Alumnos de Producción 1º año: Apunte inicial para Metodología Aplicada

ISFDAC ‘Alberto M. Crulcich’
Espacio Curricular: Metodología Aplicada
Docente: Lic. y Mag. María Rosa Di Santo
La Rioja, 2010

Apunte de cátedra:
Metodología aplicada al desarrollo de contenidos


Cualquiera sea el lenguaje que nos interese aplicar, el soporte y las tecnologías que usaremos, éste espacio curricular se dedica casi exclusivamente a analizar cómo se producen contenidos para apropiarnos de herramientas que nos permitan hacer el trabajo nosotros mismos. Es que el camino que va desde la idea hasta la realización de un audiovisual ficcional o no ficcional, si es que sus límites están claros, no es fácil. Es un camino que implica búsquedas, tomas de decisiones, tomas de posición, elecciones y descartes, porque básicamente supone empezar por lo que uno sabe – o cree que sabe – sobre un tema, hasta conocerlo, dominarlo lo más posible, para lo cual hace falta ir más allá de las apariencias, del sentido común, de nuestras primeras impresiones y percepciones.
Por eso, como no es fácil, se adoptan caminos. Todas las metodologías son caminos, como hojas de ruta, que se usan de diferente forma según sus objetivos. Hay metodologías de la investigación científica pura y aplicada, metodologías para escribir determinado tipo de textos, metodologías para producir audiovisuales, metodologías filosóficas, metodologías para enseñar y para aprender, por ejemplo, y metodologías para convertir ideas en el desarrollo de contenidos que puedan servir de base para la producción de programas o segmentos radiofónicos, audiovisuales, multimediales. La metodología nos propone un camino posible y ordenado, aunque podríamos seguir otros. Es como si nos facilitara mapas para ubicarnos en el espacio y en el tiempo, para usar lo más racionalmente los recursos, para prever, para definir, etc.
Las preguntas que orientarán nuestro trabajo en la materia son las siguientes:
- ¿Bajo qué parámetros podemos elegir un tema que sea de interés para un determinado tipo de público?
- Ese tema debería interesarnos primero a nosotros ¿qué sabemos de él? ¿cómo podemos saber más?
- ¿Cómo hacemos para que nuestro interés se transmita a ese público que es nuestro objetivo alcanzar, es decir, para que nuestra propuesta resulte atractiva?
Un método es un “camino hacia algo”, “persecución” o “esfuerzo para alcanzar un fin o realizar una búsqueda”. Podríamos definir al método como “el camino a seguir mediante una serie de operaciones, reglas y procedimientos fijados de antemano de manera voluntaria y reflexiva, para alcanzar un determinado fin que puede ser material o conceptual” (Ander Egg; E. 1990; ‘Técnicas de Investigación social’. Edit. Humanitas. Arg.). Cuando decimos ‘fijados de antemano’ quiere decir que todo método supone una planificación de acciones de diverso tipo, es decir, qué haremos, cuándo lo haremos, quién lo hará, cómo, dónde y con qué objetivos. Y por lo tanto estamos hablando de un trabajo sistemático, de acción racional: queremos lograr tal cosa, haremos para ello todo este plan.
Todos los métodos comparten estas características:
- Ayudan a una mejor utilización de los medios o recursos para acceder al conocimiento de una determinada porción de la realidad;
- Fijan de antemano una manera de actuar racional, que busca alcanzar sus resultados;
- Guían, establecen un camino a seguir
- No son infalibles (a veces fallan) y que estén fijados de antemano tampoco quiere decir que sean inamovibles. Uno puede modificar el camino trazado, siempre que pueda fundamentar el cambio.
- Se vuelven operativos a través de procedimientos y técnicas, que son herramientas prácticas y operativas que normalmente forman parte de algún método.

Para aplicar cualquier método, nuestras mentes necesitan llevar adelante las siguientes operaciones:
-Enumerar, describir, prácticamente hacer un inventario de lo que hay y caracterizarlo.
-Comparar, distinguir, buscar similitudes y diferencias; no descartar lo pequeño, quedándonos siempre con lo más grande.
-Clasificar, poner en contexto temporal y espacial, para ubicar los hechos observados en su escenario.
-Explicitar qué queremos decir con cada concepto que usamos, de qué estamos hablando. Esto es conceptualizar.
-Identificar aspectos y puntos de vista diferentes sobre un mismo hecho.
-Buscar contradicciones y oposiciones
-Relacionar el hecho que nos interesa con sus posibles causas y consecuencias (explicación) y/o sus correlaciones (en qué medida un cambio en el problema que nos interesa se relaciona con otros cambios en otros problemas)

Por lo tanto, cada vez que queremos conocer más de la realidad que su sola apariencia, necesitamos investigar.
Investigar nos permite saber qué ocurre; cómo ocurre; quiénes tienen participación directa y/o indirecta con el hecho; para qué; por qué; qué relación guarda ésto que nos interesa con otras cosas que también están pasando o que pasaron antes y qué relación podrían tener con otras cuestiones en el futuro. Estas preguntas, aparentemente tan básicas, son las que convierten un hecho o idea en una situación problemática. Es decir, convertimos un hecho o idea en un problema. Sólo problematizando conocemos. Tanto si pensamos en hacer un programa de ficción como un documental o desarrollar una noticia, necesitamos problematizar la realidad. En investigación, los problemas existen porque nosotros los construimos adrede.
Por eso, investigar es conocer y conocer es ir más allá de lo aparente. Normalmente creemos que conocemos, pero la verdad es que conocemos poco, porque es imposible profundizar en la diversidad que presente la realidad en la que vivimos. Investigar es averiguar o descubrir alguna cosa, es emprender una búsqueda. Y el método es el camino que seguimos en esa búsqueda.
La materia se llama Metodología Aplicada. Bien, hablamos de metodología aplicada cuando pretendemos seguir un determinado camino para hacer algo en concreto. No vamos a ver aquí investigación científica ni hacer ciencia para aumentar el conocimiento. Haremos investigación aplicada al desarrollo de contenidos que puedan ser comunicados a otros en diferentes lenguajes y soportes. Buscamos conocer para hacer.
Los pasos básicos para investigar metódicamente un hecho y, sobre esa base, luego hacer algo con el conocimiento que obtengamos son:
1.- Me planteo una idea o hecho que, por alguna razón resulte de interés.
2.- Observo si ese interés puede también ser o convertirse en el interés de otros.
3.- A través de preguntas estratégicas, intento convertir esa idea o hecho en un problema, en una situación problemática
4.- Mediante la aplicación de una metodología, investigo todo lo posible sobre el hecho hasta tener una idea global de su complejidad.
5.- Elijo entonces qué de toda la idea o hecho me interesa más y mientras tanto pienso cómo podría llegar a presentar el producto final y a quienes pretendo que les interese.
6.- Recorto el problema a una determinada situación que sea posible de abarcar en los tiempos y con los recursos que tengo, teniendo en cuenta que mi foco de atención debe ser puesto en contexto siempre.
7.- Explicito los objetivos: qué quiero saber, qué quiero mostrar.
8.- Profundizo en la búsqueda de información sobre ese recorte a través de la aplicación de las técnicas que considere más apropiadas a los tiempos, los recursos y el soporte y lenguaje que utilizaré para presentarlo.
9.- Defino qué entiendo por cada concepto clave que voy usando, como si hiciera un glosario, para lo cual puedo usar definiciones de otros o hacer las propias (llamadas definiciones operativas).
10.- Ordeno, sistematizo y analizo la información recogida.
11.- Pregunto, indago todo lo que no entiendo de esa información, buscando especialistas (en libros, documentos, archivos o personalmente) que me ayuden.
12.- Saco conclusiones
13.- Busco la manera más atractiva de transmitir ese contenido a los demás, teniendo en cuenta sus propias características de consumo y teniendo bien en claro a quiénes, de manera privilegiada, me estoy dirigiendo. Luego armo el guión y emprendo la etapa de realización en sí misma.

Competencias básicas de los realizadores

Hay tres aspectos claves de nuestro trabajo como realizadores (Taller de Lenguaje III y Producción Audiovisual; ECI; UNC):
1.- Aprender a ver: “debemos situar los acontecimientos que ocurren en la realidad en un contexto, lo que nos va a permitir saber qué es lo importante y qué es lo accesorio, saber también qué es lo que se sabe acerca de lo que ha ocurrido y qué es lo nuevo, en qué situación ocurren los hechos y cuáles son los posibles sentidos que puede tener un mismo hecho”. Pero básicamente, también supone atender a otra problemática: “¿desde dónde miramos? Porque éste desde dónde tiene que ver con quién soy, dónde me ubico y cómo miro la realidad, tiene que ver con un autoconocimiento y la ubicación de uno mismo en una situación más general”. Guy Tuchman, una investigadora norteamericana especialista en ‘Newsmaking’ (Producción de noticias) usa esta metáfora para explicar lo que intentamos decir: cada uno de nosotros miramos la realidad a través de nuestros ojos, que son como una ventana al mundo. “La visión a través de una ventana depende de si la ventana es grande o pequeña, si tiene muchos o pocos cristales, si el vidrio es opaco o claro, si la ventana da cara a una calle o patio. La escena que se despliega depende también de dónde está uno, lejos o cerca, alargando el cuello hacia un costado o mirando recto hacia adelante, con los ojos paralelos a la pared en la que está colocada la ventana o no”. Es decir, nuestro ‘punto de mira’ condiciona lo que vemos y cómo construimos la realidad. Estamos hablando de nuestra subjetividad.
2.- Saber contar: Saber contar a los demás lo que hemos visto es estar en condiciones de desarrollar un contenido en base a una estructura, un orden lógico, que implique una selección de elementos para conservar los que nos parecen más significativos y descartar los accesorios; y que supone una secuencia de relatos que sea comprensible para los demás.
3.- Saber mostrar lo que escribimos: Aquello que hagamos en esta etapa en que se aplica la metodología, cuando desarrollamos un contenido, debe estar orientado a llegar a nuestros receptores desde la premisa de saber que lo normal, entre emisor y receptor, son las asimetrías o faltas de concordancia entre lo que queríamos decir y lo que cada receptor efectivamente entendió. Por eso, saber elegir el orden y los elementos que utilizaremos en relación a las características de nuestro público objetivo es absolutamente clave. No es lo mismo pensar un contenido para personas mayores de 60 años que para los niños en edad del jardín de infantes. No es lo mismo un contenido para gente que vive a 500 kilómetros de cualquier lugar conocido que aquella que reside en grandes ciudades. Y si nuestra propuesta puede tener alcance global, pensar cómo hacer para que al menos una base de sentido quede clara para la mayoría posible de personas.

viernes, 2 de abril de 2010

Sociología del Arte: Apunte actualizado Unidad Nº1

ISFDAC ‘ALBERTO M. CRULCICH’
Cátedra de Sociología del Arte
Ficha para la Unidad Nº 1 – 2010
Docente: Lic. Mag. María Rosa Di Santo

Sociología: objeto y método

La sociología es la ciencia que estudia al hombre como ser social, a la sociedad, construida como objeto en torno al concepto de “realidad social”.
De esa ‘realidad social’, la sociología – como una de las ciencias sociales que existen, entre otras, junto a la antropología, la historia, etc. - analiza características, causas y efectos de las relaciones entre personas y grupos insertos en un ámbito macro, social. Así, se interesa por la realidad social en una determinada época y lugar; en estudios comparativos en relación al tiempo y el espacio; las relaciones sociales entre distintos actores o agentes sociales; las estructuras y la dinámica social; el cambio social; el conflicto social; las clases sociales, entre otros temas relativos al constructo (construcción teórica) ‘realidad social’. Un constructo que necesariamente debe cambiar como cambia la propia sociedad.
De ella se derivan sociologías especializadas, por ejemplo la Sociología de la Información y la Comunicación; del Mercado; del Trabajo; del Consumo y, por supuesto, Sociología del Arte, en este caso dentro de una sociología mayor que abarca toda la Cultura.
Breves apuntes sobre su origen como ciencia
La Sociología se desarrolla como ciencia en torno al proyecto moderno, entre el siglo XIX y principios del XX, de la mano de grandes referentes – los “autores clásicos” - como el considerado ‘fundador’ de la Sociología moderna, el francés Emile Durkheim; o el alemán Max Weber; el italiano Wilfredo Pareto; el también alemán aunque trabajó su obra básicamente en Inglaterra Karl Marx, y la sociología empírica norteamericana. Durkheim, Weber y Marx son los grandes impulsores de la sociología y de ellos hablamos, fundamentalmente, cuando hablamos de los clásicos.
A fines del siglo XIX, Durkheim fijó “Las reglas del método sociológico” en un libro homónimo que determinó, en gran medida hasta la actualidad para varias corrientes sociológicas, aquellos aspectos que definen a la sociología como ciencia, es decir: su objeto – consideró a los hechos sociales como ‘cosas’ ajenas al sujeto, que podían ser observadas, medidas, conocidas más allá de las apariencias - y su método: el cuantitativo.

Sin embargo, la Sociología no comenzó con estos teóricos.
Hubo Teoría Social desde antiguo, se podría decir que desde que el griego Aristóteles definió al hombre como “un animal social”.
Fue a partir de los aportes valiosos de los iluministas (siglo XVIII) John Locke y Jean Jacques Rousseau desde la política; Malthus desde la demografía y Adam Smith desde la economía, entre otros, que se pudo pensar en una ciencia social como un conocimiento posible, sistemático, capaz de teorizar sobre la realidad y contrastar permanentemente esa teoría con la realidad. Ninguna ciencia, además, es un proyecto capaz de concretarse sin la fe que los iluministas tenían en la razón, como el camino que hacía posible llegar a la verdad, describir y explicar la realidad social.
En pleno auge de la modernidad, Henry de Saint Simón había hablado de la necesidad de desarrollar una ‘Física Social’ que estudiara la realidad social con los métodos de la ciencia considerada por entonces paradigmática: la Física. Fue éste un primer intento por crear una ciencia experimental (que avance a través de la técnica científica del experimento); mediante la producción de un conocimiento comprobado y confiable. Si bien es muy complejo asimilar un objeto como la realidad social a los objetos de la física o el mundo natural para experimentar, Saint Simón sentó, a la vez, las bases del positivismo y del socialismo utópico. Se llama ‘positivistas’ a los que pretenden establecer leyes generales – por eso ‘positivas’, como el derecho ‘positivo’ – sobre un determinado objeto de estudio. Por otra parte, el saintsimonismo alcanzó a advertir que la industrialización, la urbanización, la introducción de la máquina en la producción afectaba negativamente las condiciones sociales de la clase obrera, la precarizaba y ponía al propio sistema capitalista en crisis. Este aporte del socialismo utópico será una influencia muy importante luego en Marx.
La fundación de la sociología como ciencia data de 1830 y es una acción que se adjudica al positivista Augusto Comte.
Principales teorías sociológicas
Las teorías sociologías son diferentes modelos o paradigmas o enfoques teóricos que se distinguen en el conocimiento de la realidad social y que sirven de marcos para ese conocimiento. No hay una sola teoría sociológica, por eso hay quienes dicen que no hay una sociología sino teorías sociológicas.
Las teorías son posibles a partir del proyecto moderno de los iluministas/racionalistas del siglo XVIII que apostaban por el desarrollo y aplicación de la razón para llegar a la verdad; los principios de la ciencia y la capacidad de observación para analizar la sociedad; construir leyes generales que den cuenta de sus características y funcionamiento y que permitan prever el futuro, con el mismo objetivo de dominio y manipulación que es típico de toda la ciencia moderna desde su origen.
Para los racionalistas, la verdad no depende de la revelación (divina), de la tradición o de la autoridad, sino de la razón y la observación que nos permiten formular teorías generales y a través de ellas reflexionar u orientarnos frente a la realidad desde lo directamente observable por los sentidos hacia las reflexiones teóricas. La ciencia es así un camino de ida y vuelta permanente entre la teoría y la realidad, la realidad y la teoría. Sus leyes, las leyes científicas, no son sin embargo inmutables. Se las puede refutar si la realidad demuestra lo contrario.
Hay ciertamente varias teorías u enfoques teóricos fuertes en la Sociología moderna, pero haremos breve referencia sólo a cuatro de los tradicionales o clásicos, para luego concentrarnos en el estructural-constructivismo de Pierre Bourdieu, y completarlo con parte de Antonny Gidhens para integrar estos conocimientos con las unidades sobre cultura y arte, desde los enfoques sociológicos que nos interesan.

Karl Marx (1818/1883) funda una concepción del mundo, una teoría de la acción y un método para el estudio de la realidad social, las tres cosas a la vez. Desde un primer momento, reivindicó la unidad de la teoría con la práctica, la “praxis”, a través de la cual ya no se trata de pretender ‘interpretar’ el mundo, sino de “transformarlo”. El cambio que propone, revolucionario, es: “transformar el sistema de explotación dominante por un nuevo sistema social, poniendo fin a la explotación del hombre por el hombre (…). …se trata de construir una sociedad donde el hombre pueda satisfacer sus verdaderas necesidades naturales, de realización y creatividad, oscurecidas y limitadas en su potencialidad por el sistema capitalista, en el que rige la norma del ‘tener’ sobre las posibilidades del ‘ser’” (von Sprecher. Introducción a las teorías sociológicas. Los clásicos. Pág. 36).
Su teoría de la acción o filosofía de la praxis rompe con todas las teorías sociales anteriores, al poner su marco de análisis y su teoría al servicio de los oprimidos y elaborar categorías teóricas y conceptos para estudiar lo social. Rompe incluso con su gran maestro, Hegel, quien desarrolló la dialéctica, no porque se oponga al método dialéctico sino porque afirma, a diferencia de Hegel, que no basta con la idea para promover el cambio social. En ‘La ideología alemana’ Marx advierte que “… si no se dan estos elementos materiales de una conmoción total, o sea de una parte, las fuerzas productivas existentes y, de otra, la formación de una masa revolucionaria que se levante, no sólo en contra de ciertas condiciones de la sociedad anterior, sino en contra de la misma ‘producción de la vida’ vigente hasta ahora, contra la ‘actividad de conjunto’ sobre la que descansa, en nada contribuirá a hacer cambiar la marcha práctica de las cosas el que la idea de esta conmoción haya sido proclamada ya cien veces…”.
En el mismo libro, Marx advierte que, por lo tanto, “no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” que, en palabras del propio autor, podría traducirse en que es la estructura – la base material, objetiva, económica – la que determina la superestructura – la ideología, que comprende la religión, la política, la filosofía, la ciencia, el arte, etc. -. Esta afirmación luego será revisada por él mismo y sus seguidores, revalorizando el papel de la cultura, como cuando Engels dice que “la situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levantan (…) ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma” (Ib. Pág. 108). Finalmente, como veremos, décadas después Antonio Gramsci advertirá que la estructura y la superestructura actúan a la par y un cambio en una de ellas implica un cambio en la otra.
En relación a la ideología o superestructura, nos interesa aquí detenernos en otros párrafos de La Ideología Alemana: dice Marx que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan al propio tiempo por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. (…) En efecto, cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta”. Esto es lo que ocurrió en la historia cuando la burguesía se convirtió en clase dominante, en perjuicio de los señores feudales, por ejemplo. Estos párrafos sobre la ideología, sobre la cultura, nos serán de mucha utilidad cuando trabajemos el concepto de cultura y las formas de manifestación de la cultura, entre las cuales encontraremos las hegemónicas o dominantes, y nos servirá también para el análisis de cómo y bajo qué condiciones los artistas pueden crear sus obras.
Para Marx, y en muy apretada síntesis, la explicación de lo que ocurre en la ‘realidad social’ sería la siguiente:
1.- El hombre no elige la sociedad en que vive ni su lugar en esa sociedad.
2.- Su lugar en la sociedad depende de sus facultades productivas. Estas son facultades adquiridas de manera condicionada por la estructura social previa, que corresponde a su familia de origen. Así, si la generación anterior a la suya sólo ha sido propietaria de las ‘fuerzas de trabajo’, es parte de la clase social que él llama ‘proletariado’. Si, en cambio, su generación anterior es propietaria del objeto y/o los medios de trabajo (materias primas, herramientas, el capital, en suma), es parte de la clase social llamada ‘burguesía’. Vale aclarar que si bien Marx presta fundamental atención a estas clases, porque en el máximo nivel de abstracción divide a la sociedad en “explotadores” y “explotados” (von Sprecher, pág. 99), en sus análisis sobre casos específicos desagrega estas clases porque considera que tanto una como otra están estructuradas de manera sumamente compleja y heterogénea.
3.- Según las facultades productivas existentes en una sociedad, será la forma de comercio y consumo.
4.- A esa forma de comercio y consumo le corresponderá una determinada forma de constitución de lo social, es decir, lo que Marx llama ‘la sociedad civil’ o la estructura.
5.- A esa determinada forma de sociedad civil, a su vez, le corresponderá una determinada forma de sociedad política o Estado (entendiendo al Estado como la expresión oficial de la sociedad civil y como parte de la superestructura).
6.- Esas estructuras y superestructuras condicionan el desarrollo de los individuos de las nuevas generaciones, lo que no impide que, llegada una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas choquen con las relaciones de propiedad/producción existentes y se abra así “un período de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona más o menos rápidamente todo el inmenso edificio erigido sobre ella” (Prólogo a la Introducción General a la Crítica de la Economía Política, en von Sprecher).-
Ahora bien, en lugar de atribuirle a la sociedad un supuesto equilibrio natural o una supuesta necesidad de mantener el orden, la teoría marxista “concibe a la sociedad como un proceso dinámico, con fases de agudas tensiones, conflictos y contradicciones, que deben resolverse con acciones revolucionarias” (Ib.). Tales conflictos son clasistas, es decir, surgen del enfrentamiento de intereses entre proletarios y burgueses.
El concepto de clase social, como admite el propio Marx, no nace con él sino que él define que la existencia de las clases está vinculada “a fases históricas determinadas del desarrollo de la producción”, y que al cambiar a otra fase, la lucha de clases llevará a la dictadura del proletariado y que esa será una transición hacia una “sociedad sin clases”. Marx dice que todas las personas forman una clase “cuando se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos contra otros, hostilmente, en el plano de la competencia” (La Ideología Alemana). Es decir, el concepto de clase social es relacional: existe una porque existe otra con intereses contrapuestos. Luego distingue la ‘clase en sí’ de la ‘clase para sí’ o conciencia de clase. Dice Engels, en carta a Kautsky, que “la clase en sí es clase objetivamente, se pertenece a la clase obrera por el hecho de poseer sólo fuerza de trabajo y no tener los medios de producción, más allá de cómo se ubiquen imaginariamente los miembros de la clase. En el caso de la clase para sí, ésta ha tomado conciencia de su posición y lucha por resolver la situación a partir de sus verdaderos intereses” (Ib. Pág.101).
Para Marx sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria en el siglo XIX, como antes lo fue la burguesía. Dice: “La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. (…) En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, directa y brutal” (Ib. 121). En relación a las ‘capas’ o clases medias, que incluye al pequeño industrial o comerciante, el artesano, el campesino, son “conservadoras” porque si bien luchan contra la burguesía, lo hacen sólo para “salvar de la ruina su existencia como tales capas medias (…). Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado” (Ib. 122).
Marx equivoca sus predicciones respecto de que la revolución ocurriría primero en las sociedades con economías más avanzadas y no desarrolla demasiado cómo será la sociedad comunista resultante, puesto que en general su obra está destinada a criticar al capitalismo.

Emile Durkheim (1858/1917) sigue y completa la corriente positivista; delimita su objeto específico e introduce el uso sistemático de la estadística – la metodología cuantitativa - como recurso para obtener datos de la realidad, mientras a su vez hace investigaciones empíricas de alto valor científico.
Dice que considerar a los hechos sociales “como cosas” implica entender que aunque su naturaleza sea “dócil y maleable”, esas cosas “no” son modificables “a voluntad” y que para conocerlas deben ser observadas “con una cierta actitud mental”: la observación que nos lleva desde las características más evidentes a las más profundas y menos visibles. Considerar la conducta humana en una línea de tiempo permite reducir las relaciones al vínculo entre causa a efecto, y esta operación racional “puede transformar(se), seguidamente, en una serie de reglas para el porvenir”. (E.D. ‘Las reglas…’ pàg. 11/17.)
Durkheim, al igual que Weber, estaban muy interesados en “desentrañar la naturaleza y sentar posición valorativa frente a las transformaciones sociales y económicas que iban convirtiendo a la Europa de su tiempo en el mundo de la industrialización y la masificación” (Javier Cristiano; 1º edición de la Int. A las Teorías Sociológicas; pág. 29). En este sentido, y entre otros aportes fuertes de Durkheim, vale rescatar aquel a través del cual distingue las sociedades orgánicas (más complejas) de las mecánicas (más simples). Afirma el autor que las sociedades mecánicas, de organización simple, se caracterizan porque las creencias y los valores unifican y hacen que cobre mayor importancia el sistema social en sí mismo que cada uno de los individuos, particularmente considerados, porque “la conciencia colectiva” como le llama Durkheim, “impregna la totalidad de las conciencias individuales” (Cristiano, Ib.). En cambio, en las sociedades orgánicas (en general aquellas en que vivimos en la actualidad y desde los crecientes procesos de urbanización, concentración demográfica en pocos puntos geográficos y la división del trabajo, de la mano de las revoluciones industriales) los individuos tenemos un margen mayor de autonomía e individualidad en la elaboración de las creencias y visiones del mundo. Esto, que puede ser considerado un condicionamiento positivo desde el punto de vista individual, para Durkheim socialmente presenta una cierta tendencia hacia la disolución de los lazos morales y, por lo tanto, hacia sociedades ‘anómicas’ – sin normas colectivas que rijan la vida social – y la consecuente desorganización social.
A diferencia de Marx, Durkheim – a quien podría definirse de liberal progresista - “no valoraba negativamente” a las sociedades orgánicas, pero estaba preocupado por la necesidad de lograr una nueva solidaridad “capaz de encauzar las acciones humanas hacia fines más trascendentes que los meramente individuales y egoístas” (Cristiano, Ib.), es decir, una nueva moral, adecuada a las nuevas sociedades. Tampoco creía que “el ideario socialista pudiese aplicarse (sólo) mediante una revolución, sino que lo veía como un conjunto de reivindicaciones a las que los gobernantes, tarde o temprano, tendrían que dar satisfacción” (Avila, en Int. A las Teorías Sociológicas 2º edición, pág. 144), como de hecho fue ocurriendo en la mayor parte de los países occidentales.
Dice Salvador Giner que “la idea central de Durkheim pasó por su preocupación acerca de la situación moral de las sociedades, sus conflictos y las fisuras que presenta su cohesión social”, por eso, por ejemplo, estudió también el suicidio excluyendo todas las causas relativas a la psicología individual del suicida. Dijo entonces que el hombre, en la vida social, se autoelimina en las situaciones básicas siguientes: por la pérdida de cohesión social o desintegración, cuando se debilitan los vínculos religiosos, familiares y políticos, con la secuela del egoísmo (suicidio egoísta); en segundo lugar, por ausencia o conflicto de normas que den orientación moral (suicidio anómico) y, por último y en sentido contrario a los precedentes, en las sociedades más primitivas o mecánicas se daba el llamado “suicidio altruista”, cuando algunos individuos se sacrifican para preservar la comunidad.

Max Weber (1864/1920) advierte, por su parte, que la creciente racionalización/burocratización de la vida social, que por ejemplo trae aparejada la división del trabajo a partir de la máquina y la especialización de la tarea, acota, limita, las posibilidades de la vida humana.
Weber distingue las ciencias de la naturaleza de las ciencias del espíritu y ubica a la sociología como una de estas últimas, que se caracterizan por tener objetos de conocimiento “inestables”.
Por eso, más que estudiar las estructuras que condicionan la vida social, Weber se interesa por observar cómo los sujetos, las personas, se perciben a sí mismos y perciben lo social. Se pregunta, por ejemplo, por qué los hombres actúan como actúan o qué es lo que orienta la conducta de los hombres; cómo se construye lo social; cómo se explican órdenes y cambios sociales y también se pregunta por las estructuras de la desigualdad social.
Se llama “sociología comprensiva y de la acción social” a la propuesta teórica de Weber: “…una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para, de esa manera, explicarla causalmente en sus desarrollos y efectos” (MW; de Economía y Sociedad, pág. 5). Comprender es, para este autor alemán, captar interpretativamente el sentido o conexión de sentido y, para los investigadores, es ciertamente una tarea muy difícil.
Desarrolla entonces la Teoría de la Acción Social para responder la siguiente pregunta clave: ¿qué es lo que gobierna la conducta de los hombres? ¿Los valores, la razón, la conveniencia, etc.? Y se responde que no son precisamente las ideas las que gobiernan nuestras conductas, sino los intereses materiales y los ideales, con lo cual lo que realmente importa estudiar son los sentidos que subjetivamente cada una de las personas construye respecto de su experiencia y este es el camino que nos permite entender lo macrosocial. Por acción entiende “una conducta humana (…) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La acción social, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo” (Ib).
Weber distingue cuatro “tipos ideales” de acción social, si bien es frecuente que una misma acción pueda responder a más de uno de los diversos tipos:
1.- La acción social racional con arreglo a fines: son las acciones que las personas hacemos encaminadas a lograr un determinado objetivo, por lo cual implican un cierto cálculo racional de costos y beneficios y de los medios que se consideren más convenientes para lograr los fines.
2.- La acción social racional con arreglo a valores: toda acción que se oriente por un valor, que puede ser estético, ético, religioso, etc. que es considerado valor absoluto y por lo tanto la acción se realiza más allá de sus consecuencias. Por ejemplo, “un pintor que sigue los principios de revolución estética y de formas permanentemente, sin que le importe que debido a ese valor que marca su producción no pueda vender ninguna obra” (von Sprecher, pág. 195).
3.- La acción social afectiva: determinada por afectos y estados sentimentales actuales.
4.- La acción social tradicional: toda acción determinada por “una costumbre arraigada” que suele ser a menudo “una oscura reacción a estímulos habituales que se desliza en la dirección de una actitud arraigada. La masa de todas las acciones cotidianas habituales se aproxima a este tipo…” (Weber en v.S. Ib.). Ahora bien, cuando la tradición es considerada por la persona un valor absoluto y por eso continuada, debe ser considerada una acción social racional con arreglo a valores.
La sociología comprensiva que propone Weber, a través de estos y otros tipos ideales, pretende discernir el sentido de las acciones del hombre para comprender lo que pasa en la sociedad, pero “el grado máximo de evidencia” sólo lo tiene la interpretación de las acciones sociales de los hombres que sean racionales con arreglo a fines. El problema es que muchas de nuestras acciones no son de este tipo. Dice el autor que “la acción real sucede en la mayor parte de los casos con oscura semiconsciencia o plena inconsciencia de su ‘sentido mentado’. El agente más bien ‘siente’ de un modo determinado que ‘sabe’ o tiene clara idea; actúa en la mayor parte de los casos por instinto o costumbre” y “sólo ocasionalmente (…) se eleva a conciencia un sentido (sea racional o irracional) de la acción” (en v.S. pág. 187). Por lo tanto, para estudiarlas habría que pensar cómo hubiera sido esa acción si seguía un cálculo racional y recién luego considerar los componentes irracionales. Sin embargo, el método no permite saber con cierta certeza a qué tipo de irracionalidad responde. Sí, en cambio, da cuenta de la complejidad que orienta toda acción humana.
Weber tiene un enfoque histórico, como Marx, y está orientado a conocer las causas, pero a diferencia de él niega la existencia de leyes generales de desenvolvimiento histórico. Cree que las cosas ocurren por relaciones multicausales y que lo que los sociólogos pueden encontrar, más que leyes, son tendencias sociales. Dice que para explicar la historia hay que tener en cuenta tanto los factores económicos como los culturales, que pesarán más o menos según el momento histórico que se considere. Y enfatiza el camino de la ‘lucha’ en la vida social, razón por la cual hay autores que lo incluyen en el Modelo del Conflicto, que luego veremos.
La lucha social es amplia y se da en los más variados planos de la vida social: en el deporte, entre y hacia dentro de cada clase social, en las relaciones eróticas, en el arte, en la política y en la economía, por ejemplo. La lucha puede seguirse por medios ‘pacíficos’, como la competencia, pero siempre supone que determinados grupos o personas intenten imponer su voluntad a otros grupos o personas. Weber define al poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia”, es decir que incluye el uso de la fuerza – coacción – pero no está limitado a él. Complementariamente, define a la dominación como “la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato…” y a la disciplina como “la probabilidad de encontrar obediencia para un mandato por parte de un conjunto de personas que, en virtud de costumbres arraigadas, sea pronta, simple y automática”, es decir, sin resistencia ni crítica. Por eso concibe al Estado moderno como “un instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida en que su cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente”. A ese Estado lo llama “dominación legal con administración burocrática”, la mayoría de cuyas acciones responden al tipo racional con arreglo a fines. (V.S. pág. 199/200).
A diferencia de Marx, Weber no cree que la lucha de clases sea revolucionaria en el sentido de que persiga una transformación de la estructura económica, pero sí que hay clases que pueden luchar entre sí para mejorar sus condiciones de vida, como las condiciones de trabajo y los salarios que enfrentan a trabajadores y empresarios, por ejemplo, o a propietarios y no propietarios de tierras para lograr, en este caso, el acceso a la propiedad y otra forma alternativa de distribuirla. Pero, en ningún caso, pretenderían un cambio de sistema.
Muchos de los conceptos desarrollados y utilizados por Weber en sus propias investigaciones serán retomados luego por Bourdieu, por ejemplo el de interés de clase, la noción de capital no limitada al capital económico, el prestigio y honor, la caracterización de la clase social como “posición ocupada en el mercado” y, al hablar del sentido de la acción, las referencias a la importancia que tienen las representaciones mentales de los hombres.

Antonio Gramsci (1891/1937) es un pensador italiano de singular inteligencia que, como militante del Partido Comunista Italiano, revisa críticamente y actualiza a Marx, en particular advirtiendo los errores de interpretación cometidos por buena parte de los marxistas. Detenido durante años por el fascismo, escribe los “Cuadernos de la Cárcel”, que fueron conocidos y valorizados en forma póstuma.
Dice von Sprecher que Gramsci “se plantea dos objetivos que funcionan como ejes de sus análisis y teorizaciones: explicar por qué la revolución proletaria había tenido éxito en ‘oriente’ (Rusia) y por qué había fracasado en ‘occidente’ (…) y, consecuentemente desde su perspectiva de militante revolucionario, cómo elaborar estrategias adecuadas para el triunfo de la revolución en ‘occidente’” (v.S. pág. 240). Cabe recordar que Marx había predicho que la revolución ocurriría en el seno del capitalismo de occidente. Pero tuvo lugar en Rusia, en 1917. Y también aclarar, con Juan Carlos Portantiero (Ib.), que cuando habla de ‘oriente’ se refiere a sociedades en las cuales el Estado ocupa un lugar preponderante y la sociedad civil está poco desarrollada; y cuando hace referencia a ‘occidente’ está pensando en naciones donde “la sociedad civil se ha convertido en una estructura muy compleja y resistente”, como los de Europa del oeste o Estados Unidos.
Aunque el pensamiento de Gramsci es muy rico, sólo haremos mención a dos problemáticas fuertes que resultan fundamentales en Sociología del Arte: su teoría y concepto de la Hegemonía, por una parte, y el concepto de Sentido Común.
Con relación a la hegemonía, Gramsci dice que en el capitalismo la dominación de la burguesía – o de una parte de ella – por sobre el resto de las clases se explica por el consenso y porque sólo usan la coacción o fuerza física como complemento. En consecuencia, en todos aquellos países que cuenten con sociedades civiles fuertes, si las ‘clases subalternas’ (o dominadas) quieren triunfar y construir “un nuevo sistema hegemónico” deberían primero alcanzar el consenso.
Todo sistema hegemónico incluye la economía (la estructura de Marx), pero a la vez la política y la cultura (superestructura en Marx), por lo tanto el espacio clave para lograr el consenso es la sociedad civil en general y el sentido común del pueblo en particular. Eso sí, la hegemonía implica siempre una negociación a través de la cual las clases enfrentadas ceden beneficios materiales y/o simbólicos, ceden espacios, y aún así el consenso puede perderse, porque es precaria. No nos detendremos en esto, pero vale aclarar que mediante el concepto de “bloque histórico” Gramsci logra articular orgánicamente la estructura y la superestructura. Para el autor, hay un proceso dialéctico entre ambas en términos de “reciprocidad necesaria” (Ib. 250) y en esa vinculación entre estructura y superestructura actúan los ‘intelectuales’.
El concepto de intelectuales es bien interesante porque, en diverso grado, incluye a distinto tipo de personas con la sola condición de que la tarea de intelectual sea “la central de sus vidas”: “puede ir de un gran sociólogo (como los que estamos estudiando) a un periodista, a un maestro, al burócrata de una oficina municipal” (v.S. pág.252), y obviamente a los artistas y a los docentes de arte. Como Gramsci piensa que sólo dos clases sociales pueden convertirse en hegemónicas: la burguesía y el proletariado, en sociedades donde domina la burguesía los intelectuales orgánicos son los encargados de sostener ese consenso; pero podrían ser también los que, desde las clases subalternas, trabajen para romper ese consenso y construir uno nuevo. Las clases crean a sus intelectuales para “crear la ideología, la visión del mundo, que corresponde a los intereses” (Ib. 256) de cada clase. Para sostenerse en el poder, la burguesía crea intelectuales que son los encargados de elaborar, administrar y difundir la ideología de la clase dirigente entre todas las clases sociales, por ejemplo a través del sistema educativo.
El objetivo fundamental es que esa ideología de la clase dominante - en un determinado tiempo y lugar - penetre las normas de conducta de la sociedad convirtiéndose en “sentido común”, con lo cual el sentido común viene a ser algo así como la máxima corporización de la dominación en los hombres comunes. Y es posible verlo cuando, investigando los deseos y expectativas de los más pobres, se observa que ellos quieren y harían lo mismo que hacen las clases dominantes si tuvieran el dinero y las posibilidades de hacerlo, aunque mientras tanto critiquen el dispendio y el lujo excesivo, por ejemplo (von Sprecher y Di Santo: Consumos culturales en la ciudad de La Rioja, 1995 al 2000). El sentido común funciona a nivel de fe, aunque existe en él un “núcleo de buen sentido”, más racional y reflexivo, capaz de ser transformado por la crítica.
Para aclarar, entonces, según Gramsci hay grados cualitativos de la ideología: en el escalón más alto está la filosofía (la elaboración racional de un sistema de ideas); en el escalón siguiente se ubica el sentido común (que aparece cuando la filosofía fue apropiada por la mayoría de la gente como la concepción ‘natural’ de la vida, basada en la fe en el grupo de pertenencia, en las normas de conducta, las conductas, modos de pensar, la moralidad, las normas de acción colectiva que devienen actividad práctica – será el habitus en Bourdieu, como veremos); y en el último escalón está el folklore que, para Gramsci, es un “aglomerado indigesto” de resabios de visiones del mundo que se desarrollaron en modos de producción anteriores y que sobreviven como una “moral del pueblo entendida como un conjunto determinado de máximas para la conducta práctica y de costumbres que se derivan de ella o la han producido, moral que está estrechamente ligada, como la superstición, a las reales creencias religiosas: existen imperativos que son mucho más fuertes, tenaces y efectivos que aquellos de la ‘moral oficial’” (v.S. pág. 283). Tanto para la burguesía como para las clases subalternas, el folklore así definido sería una “valla”, un obstáculo difícil de superar, aunque en ocasiones pueda incluir “elementos progresivos” que favorezcan un cambio en el sistema hegemónico porque estén “en contradicción (…) con la moral de los estratos dirigentes”.

Bourdieu y Giddens – Los contemporáneos

Entre las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI encontramos a dos grandes sociólogos, del nivel de los autores clásicos, que reformulan e integran de manera singular los aportes de los clásicos con sus propios aportes: Pierre Bourdieu y Anthony Giddens; francés el primero, inglés el segundo. Bourdieu murió en 2002, mientras Giddens sigue vivo.
Dice Bourdieu que la sociología es el abordaje de las relaciones entre las posiciones de los agentes sociales desde una perspectiva diacrónica (temporal, histórica), que da cuenta de que no podemos entender dichas relaciones y dichas posiciones sino como mutables (cambiantes) y mutando (cambiando) en relación a unas trayectorias que se desarrollan y relacionan en el tiempo. Por eso, para el autor francés, la teoría social “se debe ir construyendo sobre el trabajo empírico” tal como él hace con su propia teoría, a través de sus propias investigaciones y las de su equipo. Un autor que lo critica dice que la teoría de Bourdieu es “un programa de investigación empírica en el que el aparato conceptual se va ajustando progresivamente mediante su extensión a nuevos contextos y pruebas” (cit. Por VS, pág. 16).
Bourdieu creía en el potencial liberador del conocimiento sociológico y de hecho en su vida y en sus últimos trabajos hizo gala de una militancia activa en contra del neoliberalismo y la globalización.
Por el contrario, Giddens, que prácticamente nunca va a campo, no investiga, sino que reflexiona, propone una teoría social general que comprende “al conjunto de las ciencias sociales” y, dentro de ellas, a la sociología como una ciencia empírica particular que tiene un objeto histórico plenamente definido: estudiar la modernidad y las sociedades industrializadas. En sus libros, considera “inevitable” a la globalización y también “a la necesidad de la humanización de la misma, vía la socialdemocracia” como programa y propuesta política (Ib. Pág. 89). Esa teoría social general que propone Giddens incluye “el abordaje teórico y seguramente abstracto del actor humano, de su conciencia y su acción, de las condiciones y consecuencias estructurales de esa acción, así como de las formas institucionales y símbolos culturales que de él proceden” (Ib. Pág. 90).

Modelos teóricos de la sociología


De una manera un tanto simplificada, podríamos decir que hay tres modelos teóricos fuertes en la sociología, que en buena medida conviven y según sean las escuelas y los autores, son más o menos significativos. De cualquier manera, cabe aclarar que uno no elige un modelo según sea la realidad social que está analizando en un momento dado (es decir, no elige el modelo del conflicto sólo cuando analiza una situación de conflicto), sino que en general adhiere a un modelo según sean sus propias convicciones, su ideología. Veamos, entonces, las alternativas:

1.- Modelo del Funcionalismo Estructural

La corriente del Funcionalismo estructural fue adoptada por los primeros sociólogos, se desarrolló con Emile Durkheim y se perfeccionó con los aportes de Robert Merton (sociología norteamericana) siempre sobre la vieja idea de Platón de que “la organización y estructura de una sociedad aporta la fuente de su estabilidad” . Con el término ‘estructura’ se hace referencia “a la manera en que son organizadas las actividades repetitivas de una sociedad” en torno a la familia, el mercado, el estado, la iglesia, etc. La ‘función’ es “la contribución que realiza una forma particular de una actividad repetitiva a fin de mantener la estabilidad o el equilibrio de una sociedad” (op.cit. p. 36).
Merton ofreció el siguiente resumen de los postulados del funcionalismo estructural respecto de la naturaleza de la sociedad:
“1.- Una sociedad puede ser concebida como un sistema de partes interrelacionadas; es una organización de actividades interconectadas, repetitivas y acordes a un esquema.
2.- Tal sociedad tiende naturalmente a alcanzar un estado de equilibrio dinámico; si se produce una falta de armonía, aparecerán fuerzas tendentes a restaurar la estabilidad.
3.- Todas las actividades repetitivas dentro de una sociedad realizan alguna contribución a un estado de equilibrio; en otras palabras, todas las formas persistentes de una acción, acorde a una pauta, desempeñan un papel en mantener la estabilidad del sistema.
4.- Cuando menos algunas de las acciones repetitivas y acordes a una pauta, dentro de una sociedad, son indispensables para su existencia continuada; es decir, existen requisitos previos y funcionales que llenan necesidades críticas del sistema, el que no perduraría sin aquellas” (p.37).
¿Cómo se aplican estos principios al nuevo fenómeno de la comunicación de masas, por ejemplo?
“Los medios y el proceso de la comunicación de masas son acciones repetitivas y acordes a una pauta, dentro del sistema social existente en la sociedad en la que operan”. Hay “dependencias estructurales” entre los medios y el sistema social. El funcionamiento de los medios “contribuye al equilibrio social” e incide tanto sobre el sistema como sobre los usuarios de medios. Si los medios provocan ‘conductas desviadas’ – siempre según esta corriente teórica – se convierten en ‘disfuncionales’ para el sistema (p. 37). Lo mismo podríamos pensar desde el punto de vista de la cultura y del arte y ver, por ejemplo, cuáles son las instituciones claves, qué tipo de dependencias estructurales hay entre esas instituciones y el sistema social y cómo actúan esos condicionamientos sobre el sujeto creador/el artista y el consumidor de arte.

El concepto de estructura será retomado y redefinido por Bourdieu y por Giddens. Bourdieu, por ejemplo, habla de estructura como “el conjunto de posiciones que ocupan los agentes sociales y a las relaciones entre esas posiciones”, que los hombres no eligen, y que lo condicionan de dos maneras: externas al sujeto y por eso estructuras objetivas, lo social hecho ‘cosa’ (estructuras sociales externas o campos), por una parte, e internas, internalizadas, subjetivas o ‘lo social hecho cuerpo’ (estructuras sociales internas o habitus), por la otra. Desde esas condiciones y disposiciones, el hombre construye, decide, a veces reflexivamente, a veces no, al calor de la acción y en cada una de sus prácticas sociales. Por eso Bourdieu se considera un estructural-constructivista.
Giddens, si bien también retoma el concepto de estructura, estudia lo social desde la agencia humana, es decir la capacidad de construcción del hombre, puesto que considera a los sujetos como “diestros, competentes, conscientes y reflexivos” (Ib. Pág 104), en el sentido de que son capaces de aprender de sus propios actos, de los contextos donde actúan, de sus reglas y de los demás agentes.
Giddens presenta su teoría social general como una “teoría de la estructuración o de la doble estructuración”. Intenta superar la dicotomía entre estructura social y acción social (que siempre es la acción transformadora), para lo cual replantea la relación entre ambas. Ninguna de las dos tiene prioridad o poder sobre la otra. Antes bien, ambas son producidas y reproducidas en las prácticas sociales concretas.

2.- Modelo evolucionista

A diferencia del anterior, que enfatiza la estabilidad y el equilibrio, el modelo evolucionista – también llamado ‘darwinismo social’ - surge de la constatación de que las sociedades urbanas posteriores a las revoluciones industriales cambian constantemente, aunque a diverso ritmo. Por lo tanto, el paradigma evolucionista pone el acento en el cambio. Surge también junto con la sociología como ciencia, de la mano de Herbert Spencer y básicamente establece una analogía entre la sociedad y un organismo vivo. Según esto, “una sociedad se organiza y se desarrolla como un organismo biológico” no porque lo sea, sino porque “se asemeja a tal organismo en su estructura y en los procesos de cambio”.
Sintéticamente, según esta perspectiva la sociedad cambia según ‘leyes naturales’, dentro de las cuales las más importantes son “la selección natural, la supervivencia de los más aptos y la transmisión hereditaria de las características adquiridas” (p.38/9).
Aplicado a la comunicación y el desarrollo de los medios de comunicación, fue utilizado para decir que “el desarrollo de la comunicación de masas ha sido un proceso evolucionista, tanto en los términos de su tecnología mecánica y científica como en las formas necesarias para que se hiciera un uso social eficaz de esa tecnología, alcanzando los objetivos que fueran considerados importantes por quienes estaban en posición de adoptar decisiones” (p.40). También se podría transpolar este análisis a la cultura y al arte y ver entonces si, por ejemplo, en el uso de los materiales no ha existido una tendencia evolucionista.

3.- Modelo del conflicto

Entre los sociólogos ha sido muy utilizado el paradigma que instituye al conflicto entre fuerzas antagónicas como el proceso social más importante. En la búsqueda de una resolución del conflicto se genera un cambio, algo nuevo. Este proceso continuo es llamado también dialéctico. En los análisis de Hobbes y los contractualistas de los siglos XVII y XVIII, el conflicto jugó un papel central. Pero fueron Hegel, Marx y Engels, en el siglo XIX, quienes desarrollaron las ideas del conflicto social y el proceso dialéctico en un marco analítico del cambio social que es utilizado durante todo el siglo XX por marxistas y no marxistas.
Entre los griegos, la dialéctica constituía esencialmente una forma de argumentación basada en el enfrentamiento entre diversas posiciones, como método lógico del pensamiento o método de debate. Para Hegel, la dialéctica es la continua tendencia de los conceptos a transformarse en sus contrarios en virtud de los conflictos internos. Así, una tesis supone la contraposición de una antítesis que da lugar a una síntesis y ésta síntesis se convierte en tesis que a su vez… y de nuevo se reitera el ciclo, siempre a nivel de las ideas o conceptos que orientan cómo debe ser la realidad. En Marx, en cambio, la dialéctica es un instrumento que permite una comprensión adecuada de los fenómenos históricos, sociales y económicos reales.
Sintéticamente el modelo del conflicto postula que:
“1.- Una sociedad puede concebirse como integrada por categorías y grupos de personas cuyos intereses difieren marcadamente entre sí.
2.- Todos estos componentes de la sociedad intentan imponer sus propios intereses, en competencia con otros, o conservar sus intereses resistiendo los esfuerzos competitivos de otros.
3.- Una sociedad así organizada experimenta constantemente el conflicto, cuando sus componentes procuran obtener nuevas ganancias o conservar sus intereses; en otras palabras, el conflicto es ubicuo.
4.- Tras el proceso dialéctico de intereses competidores y conflictivos surge un continuo proceso de cambio; las sociedades no están en equilibrio sino que son continuamente cambiantes” (op.cit. p. 42).
Pierre Bourdieu, como veremos, presupone este modelo en su propia propuesta teórica. Los agentes ocupan posiciones diversas – posiciones de clase social - en el espacio social y en los campos, con sus propios intereses. El conflicto es, entonces, inexorable. Sin embargo, y aunque él apuesta por la acción transformadora, el análisis de su propuesta deja en el lector la idea de que más bien las estructuras sociales tienden a reproducirse que a cambiar.

Bibliografía de base para este apunte (además de las citadas):

Durkheim, Emile (2006) ‘Las reglas del método sociológico’. Edic. Libertador. Arg.
Marx, Karl (2004) ‘El dieciocho brumario de Napoleón Bonaparte’. Edic. Libertador.Arg.
Von Sprecher, R. y otros
(1996) ‘Introducciòn a las teorías sociológicas’. ECI. UNC. Cba.
(2003) ‘Introducción a las teorías sociológicas. Los clásicos’. Edit. Brujas. Córdoba. Revisión por manuscrito en imprenta, febrero 2010.
(2007) ‘Teorías sociológicas. Introducción a los contemporáneos’. Edit. Brujas. Cba.
Weber, Max:
(2004) ‘El político y el científico’. Edic. Prometeo Libros. Bs.As.
(2004) ‘Etica protestante’. Edic. Libertador. Bs.As.