jueves, 31 de octubre de 2013

A 30 años, la democracia fue ultrajada en La Rioja

La Rioja festejó los 30 años de la democracia recuperada a fuerza de jóvenes de mi generación muertos en Malvinas y de variopintos descalabros y 'excesos' trágicos que segaron la vida de otros jóvenes un poco antes con un regreso a las peores épocas del conservadurismo y sus fraudes históricos.
Para evitar titulares adversos no se abrieron las urnas sospechosas, no se le dio entidad a una sola de las denuncias y observaciones de la oposición, no se consideraron las razones de nulidad de más de 3.000 votos.
No se sacó del recinto a personas que debían resguardarlo y que habían adelantado, livianamente, opinión.
Por 770 votos, tal vez los más caros que se recuerden, ganó el oficialismo.
Pero perdimos todos. Perdió la democracia; perdió el sistema republicano, ya sumamente acotado en la provincia; perdió la justicia; perdimos los ciudadanos; perdieron los que perdieron y perdieron también los que ganaron, porque mover un aparato descomunal con fondos públicos escasos para lograr una diferencia menor al uno por ciento es una forma curiosa de ganar.
Es la vieja discusión entre medios y fines.
Es una forma de hacer política que nunca se cruza con la ética.
Es una buena manera de provocar una vasta implosión al interior de las instituciones.
Capaz como sociedad es cierto que hay que tocar fondo, como a nivel personal, para empezar a pensar cómo salir.
Lo cierto es que hoy no podemos estar peor. Y por supuesto, nadie se hace cargo.

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