Sostengo el nombre de mi blog, porque me sigue dando muchas satisfacciones. Sin embargo en esta etapa de mi vida, este blog es el medio que elijo para expresarme sin cortapisas, sencillamente. Podrán ser materiales propios o ajenos - con las citas correspondientes - pero en todos los casos los he compartido por considerarlos de algún valor.
sábado, 16 de marzo de 2019
miércoles, 27 de febrero de 2019
FORMACION DE COROS ÁULICOS Y ESCOLARES: Un trabajo excepcional para los docentes de música de escuelas primarias porque "TODOS PUEDEN CANTAR"
Formación de coros en las escuelas de nivel primario: ¡TODOS PUEDEN CANTAR!
Por María Rosa Di Santo
Entre 2017 y 2018 integré el equipo de trabajo conformado por la Prof. Andrea Aventuroso, de la provincia de La Rioja, orientando una investigación que pretendió trazar el cuadro de situación para aplicar una política educativa, diseñada a tal efecto, tendiente a promover la formación de coros áulicos y escolares en las escuelas primarias de la jurisdicción.
Todo el proceso de indagación y producción fue una experiencia excelente de aprendizaje y trabajo, y sus resultados son, a mi criterio, de alto valor para la música, el canto coral y el sistema educativo riojano, más allá de que se logre continuidad en su aplicación.
Los textos producidos han sido publicados por el Consejo Federal de Inversiones y están disponibles libre y gratuitamente en su biblioteca virtual (ver enlace).
En particular me detengo a destacar la calidad de sus Anexos, porque tienen la sustancia de producciones que, en cada caso, implican aportes significativos a la educación primaria en general y musical en particular, dada por la rigurosidad de las metodologías aplicadas: entrevistas a maestros y expertos locales y de otras provincias; análisis bibliográfico y documental; experimentación y elaboración de un libro destinado a los docentes de música cuyos contenidos curriculares se adecuan a la currícula vigente y fueron evaluados por expertos; pero también por la claridad y pertinencia de sus textos y la información que brindan.
Así, el Anexo I es de mucha utilidad a nivel jurisdiccional porque traza el Diagnóstico socio-institucional de las escuelas primarias de la provincia, ámbito donde se pretende trabajar. Hay en él un recorrido histórico que relata el proceso por el cual un determinado enfoque de derecho universal relativo al acceso al canto coral se desarrolló en La Rioja de la mano de la llegada de la Maestra Olga de Cara de Brizuela y Doria desde Mendoza, hace ya medio siglo, y el trabajo de sus discípulos.
A continuación el Anexo II ofrece un análisis comparativo de La Rioja con los escenarios 'exitosos' en materia de canto coral infantil del país, corporizados por la ciudad de Mendoza y el Instituto Domingo Zípoli de Córdoba. Este informe describe las condiciones de posibilidad que explican cómo y por qué se desarrolló el canto coral infantil en las tres zonas.
El Anexo III compara la formación superior vigente en dirección y canto coral en Córdoba, Mendoza y La Rioja y es una información de gran valor para quienes desean seguir este camino en el ámbito de la música y la enseñanza de la música.
El Anexo IV reproduce la versión preliminar del Manual Guía 'Todos podemos cantar' que sale a la luz como un texto independiente este mes de abril bajo el título '¡Todos pueden cantar!' y es en sí mismo un aporte muy valioso al tema y la actividad de parte de la Prof. Aventuroso y sus colaboradores en materia de contenidos, como el Maestro Jorge Salica y la Prof. Emilia Robles, entre otros y sin olvidar la voz de los expertos que la asistieron.
Finalmente, el Anexo V da cuenta de la etapa de experimentación llevada a cabo sobre una primera versión del Manual-Guía en el año 2018, con la colaboración de tres escuelas y tres docentes de música de la ciudad de La Rioja.
Como se puede leer en el resumen del informe general que publica el CFI, el objetivo general del trabajo fue indagar en cómo generar las condiciones de posibilidad para que los maestros de música en ejercicio puedan promover el canto coral infantil en las instituciones primarias donde trabajan y a tal efecto facilitarles la edición de un Manual-Guía que complemente, actualice y fortalezca la formación en canto coral, dirección coral, técnica y pedagogía vocal.
Finalmente, el Anexo V da cuenta de la etapa de experimentación llevada a cabo sobre una primera versión del Manual-Guía en el año 2018, con la colaboración de tres escuelas y tres docentes de música de la ciudad de La Rioja.
Como se puede leer en el resumen del informe general que publica el CFI, el objetivo general del trabajo fue indagar en cómo generar las condiciones de posibilidad para que los maestros de música en ejercicio puedan promover el canto coral infantil en las instituciones primarias donde trabajan y a tal efecto facilitarles la edición de un Manual-Guía que complemente, actualice y fortalezca la formación en canto coral, dirección coral, técnica y pedagogía vocal.
Los resultados son dos: el texto del Manual Guía en su última versión antes de la revisión completa que se imprimió bajo el nombre ¡Todos pueden cantar!; y la elaboración de un programa educativo destinado a utilizar ese texto en las prácticas de los docentes de música, en los espacios curriculares ya vigentes para música y sin que la tarea demande cambios presupuestarios o en las condiciones laborales de los maestros.
El programa educativo que se formuló a través del proyecto correspondiente tiene carácter universal; se propone de aplicación gradual y voluntaria a nivel de los docentes de música y las escuelas donde trabajan; y se estructura en torno a una propuesta de capacitación docente de un año de duración, durante el cual se ofrecería asistencia experta para familiarizarse con el Manual-Guía y experimentar la aplicación en sus prácticas en el aula.
El impacto previsto fue que en tres años el 90 por ciento de las escuelas primarias de la ciudad de La Rioja estén alcanzadas por la iniciativa. Su aplicación quedó pendiente en 2019 por falta de presupuesto.
El próximo 3 de mayo de 2019 a las 18, en la nueva edición de la Feria de la Música de La Rioja, será presentado ¡TODOS PUEDEN CANTAR!. Esperamos a todos los que se quieran llegar.
El próximo 3 de mayo de 2019 a las 18, en la nueva edición de la Feria de la Música de La Rioja, será presentado ¡TODOS PUEDEN CANTAR!. Esperamos a todos los que se quieran llegar.
Textos completos publicados por el CFI
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martes, 19 de febrero de 2019
martes, 12 de febrero de 2019
¿Escrache o linchamiento? ¿Esta es la única forma de justicia a la que podemos aspirar?
Por María Rosa Di Santo
El escrache,
por definición, es una acción intimidatoria pública que en nuestro país comenzó
a usarse frente a la inacción o demora del sistema judicial para juzgar primero
a represores y luego a corruptos, a la manera de una catarsis colectiva. Sin
embargo, en el último tiempo y de la mano del movimiento feminista que está
reconsiderando las relaciones entre los sexos y las posiciones de las mujeres
en la sociedad, se empezó a usar el escrache para denunciar a hombres que
supuestamente han cometido delitos de género (“Cualquier acción o conducta,
basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico a la mujer, tanto en ámbito público como en el privado”. Convención
de Belem do Pará vigente en Argentina desde 1996) en la actualidad o en el
pasado. Esta acción suele presentar tres particularidades en las que me quiero
detener: no necesariamente el escrache está acompañado por una denuncia
judicial; no siempre las supuestas víctimas se identifican, alegando temor a
diversidad de represalias, y en ocasiones el escrache se realiza usando la tradicional
red discursiva informal del chisme, es decir se sostiene en el ámbito de lo ‘privado’
aunque de hecho por su magnitud termina convirtiéndose en ‘público’, con todo
lo relativo que supone esta dicotomía hoy.
Obviamente estas
particularidades tienden a ‘proteger’ a los denunciantes, en perjuicio de los
denunciados. Esto no es grave cuando el denunciado es culpable pero los delitos
cometidos se mantuvieron impunes por el silencio de las víctimas o porque el
denunciado posee buenos mecanismos de defensa – como vinculaciones y dinero - para
mitigar la denuncia. Por supuesto que el problema que se plantea en estos
términos ubica a la justicia – y al poder político que la maneja – como corresponsables
de lo que ocurre, pero fundamentalmente plantea, desde el punto de vista de la
persona común, una situación muy
delicada: si dejamos de lado la justicia porque funciona mal y no garantiza el
ejercicio de nuestros derechos ¿quién dice
entonces que el denunciado es culpable? ¿Y si fuera inocente? ¿Y si la condena
social se basa en que es verosímil que sea culpable – por su cara, por su modo
de relacionarse con la gente, por la familia o el sector social del que
proviene, etc. – y ya no importa si es verdadero?
Cuando frente
a las profundas falencias de la justicia no recurrimos a ella, la condena social
vehiculiza y agota la denuncia. Y lo hace de una manera despiadada, cruel y muy
efectiva, por cierto. Las redes sociales aportan lo suyo. Y cuando no bastan,
se las complementa con un sistema de presiones cara a cara para que cada quien
tome posición a riesgo de ser considerado cómplice. Por supuesto que los
denunciados – suponiendo que sean inocentes – siempre tienen potencialmente la
instancia judicial para plantear una acción civil de daños y perjuicios a la imagen, el honor o su
reputación mediante la publicación de calumnias o injurias, pero ¿qué pasa
mientras tanto? El escrache puede terminar teniendo el mismo efecto de un “linchamiento”.
La antropóloga Rita Segato decía en diciembre pasado, en el cuarto Encuentro
Latinoamericano de Feminismos, que desde este movimiento “podría haber una
instancia de juicio justo”, -en vez de las escraches como se los conoce ahora,
-“como una asamblea, para que la situación no sea un linchamiento sin
sumario. (…) Si defendemos el derecho al proceso de justicia, nuestro movimiento
no puede proceder de esa forma que ha condenado” respecto del terrorismo de
Estado (Agencia Paco Urondo), por ejemplo.
Como madre,
tía, amiga de madres con hijos varones me resulta muy apropiado analizar lo que
está pasando en clave de algunos filósofos que han dado vuelta como una media
la realidad a través de sus reflexiones. Es un ejercicio intelectual que a mí
me parece que hace falta porque, por ejemplo, siempre preocupado por indagar acerca de “los
efectos de poder y la producción de verdad”, Michel Foucault decía: “…sueño con
el intelectual destructor de evidencias y universalismos, el que señala e
indica en las inercias y las sujeciones del presente los puntos débiles, las
aperturas, las líneas de fuerza, el que se desplaza incesantemente y no sabe a
ciencia cierta dónde estará ni qué pensará mañana, pues tiene centrada toda su
atención en el presente, el que contribuya allí por donde pasa a plantear la
pregunta de si la revolución vale la pena (y qué revolución y qué esfuerzo es
el que vale) teniendo en cuenta que a esa pregunta sólo podrán responder
quienes acepten arriesgar su vida por hacerla” (‘No al sexo rey’, 1977).
Me pregunto
cómo operan en esta realidad nuestra, casi 50 años después, los efectos de
verdad de ciertos discursos que ponemos a circular con convencimiento y de
manera colectiva, y no hablo aquí en la primera persona del plural porque es
mayestático sino literalmente. Dice Foucault: “Lo importante, creo, es que la verdad no está
fuera del poder ni sin poder. (…) La verdad es de este mundo; se produce en él
gracias a múltiples coacciones. Y detenta en él efectos regulados de poder.
Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su ‘política general’ de la verdad:
es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o
falsos, el modo como se sancionan unos y otros; las técnicas y los
procedimientos que están valorizados para la obtención de la verdad; el
estatuto de quienes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero” (‘Verdad
y Poder’,1974).
Cuando el
poder a nivel macrosocial se ejercía por delegación y la representación no se
había deslegitimado como ahora, cuando el ciudadano común respetaba y temía el
servicio de administración de justicia aunque lo supiera injusto, cuando el ‘saber’
era reconocido en términos de autoridad respecto del hombre de leyes, del
académico, aun cuando erraran, por supuesto, a sabiendas o no, cuando no éramos
conscientes de la existencia de una microfísica del poder que atraviesa
nuestras vidas desde el ámbito privado de nuestras propias casas, la política
general de la verdad fluía de arriba hacia abajo. Eso no era necesariamente
bueno en sí mismo. Lo que nos importa es subrayar que ya no pasa. Pero lo que
sí pasa, tanto en el antiguo régimen de verdad como en el actual, son los abusos.
El punto es qué, cómo y quién dice qué es verdad en los discursos que se
imponen como tales justamente por el poder que detentan, por la legitimidad de
la lucha feminista, porque lo que durante siglos fue ‘impensable’ hoy es lo
contrario y no hay estrategias y tácticas claras de defensa frente a ellos. El
derecho como tal, la ley, parece insuficiente, moroso, caprichoso, oxidado en
su extenso camino entre la letra sancionada y la aplicación en cada caso singular.
Foucault
recomienda pensar “instrumentos y útiles” para no seguir generando nuevos “efectos
de dominación” funcionales a los previos. La disidencia con un orden
establecido requiere de un “instrumento ideológico: un instrumento de análisis,
de percepción, de desciframiento. Una posibilidad de definir tácticas, etc.
Esto es en efecto lo que hay que hacer” (‘Encierro, psiquiatría, prisión’,
1977). Destaca como necesario aprovechar la teoría para “edificar
progresivamente un saber estratégico”, buscar el instrumento adecuado a partir
del análisis de situaciones singulares porque todo proceso de lucha requiere de
una “reforma estratégica”. A diferencia de lo que normalmente ha ocurrido, la
lucha no debería quedarse únicamente en la denuncia de las contradicciones (‘Poderes
y estrategias’, 1977).
En 1975 Gilles
Deleuze dice de Foucault que lo que este último vino a decir es que “el poder
no se posee, se ejerce. No es una propiedad, es una estrategia: algo que está
en juego”; que el poder “es un efecto de conjunto”, no reside sólo en el
Estado; y que el poder “produce lo real”, entre otras afirmaciones que
contradicen los postulados tradicionales. En esta lucha de género que las
mujeres hemos emprendido en esta última etapa histórica – puesto que sería
injusto ignorar todos los antecedentes de las pioneras, las famosas y las
anónimas, que lucharon por sus derechos – es bueno que la lucha tenga en claro
que el poder se ejerce hasta en los más mínimos mecanismos y relaciones de la
vida social; es bueno que se estructure en discursos alternativos que se hacen
públicos para construir consensos desde la identificación y no desde el temor,
porque así logran efecto de verdad y producen lo ‘real-otro’ a nivel simbólico,
pero es malo que no responda a
estrategias que, básicamente, procuren no banalizar las propias banderas de
lucha. Aun para luchar por lo justo hay que ser riguroso.
Y buscar
alternativas que no reproduzcan los modelos conocidos. A la afirmación de un
dirigente maoísta respecto de que en un primer estadio de revolución ideológica
“estoy a favor de los ‘excesos’. Hay que doblar el bastón en el sentido
contrario, no se puede cambiar el mundo sin romper unos huevos…”, Foucault
responde “sobre todo, hay que romper el bastón…” (‘Sobre la justicia popular’,
1972). Ambos se referían a los tribunales populares en reemplazo de los
burgueses, pero el filósofo francés advierte que lo nuevo no debería ser “el
embrión” de otra forma de “opresión”.
Segado dice lo
propio. Se plantea: “¿qué es lo contrario a la impunidad? ¿El punitivismo?”, para
discurrir de la siguiente manera: “No quiero un feminismo del enemigo, porque
la política del enemigo es lo que construye el fascismo. Para hacer política,
tenemos que ser mayores que eso. (…) Antes de ser feminista soy pluralista,
quiero un mundo sin hegemonía. Lo no negociable es el aborto y la lucha contra
los monopolios que consideran que hay una única forma del bien, de la
justicia, de la verdad: eso es mi antagonista”. Y lanzó esta advertencia,
que comparto: “el feminismo punitivista puede hacer caer por tierra una gran
cantidad de conquistas”, es “un mal sobre el que tenemos que reflexionar más”,
y recordando la violencia que se vive en las prisiones, nos plantea: “¿Puede un
estado con las cárceles que tiene hacer justicia? Esa no puede ser la justicia;
ser justo con una mano y ser cruel con la otra”.
La antropóloga
pide tener “cuidado con las formas que aprendimos de hacer justicia” desde lo
punitivo, que están ligadas a la lógica patriarcal. El desarrollo del
feminismo, recalca, no puede “pasar por la repetición de los modelos
masculinos”. Frente a eso, sabe que la respuesta no es fácil: “No hay una
solución simple, pero es necesario pensar más y estar en un proceso constante.
Cuando el proceso se cierra, es decir, cuando la vida se cierra, se llega a lo
inerte. La política en clave femenina es otra cosa, es movimiento”.
Habrá que
seguir pensando, hacer consciente nuestro poder e ir descartando atajos, pues.
La Rioja, 12 de febrero de 2019
miércoles, 14 de noviembre de 2018
martes, 13 de noviembre de 2018
¿Qué hay, más allá de la catarsis?
Por María Rosa Di Santo
Nos quieren pobres, débiles. Nos
quieren entregados, fatalistas, dóciles aceptando nuestro destino de no haber
nacido en cuna de oro, agradeciendo con lágrimas en los ojos que nos dejen vislumbrar
siquiera, a través de las ‘celebritys’ mediáticas, cómo se vive a lo grande y
lo que nos estamos perdiendo, por pura mala suerte nomás.
Quieren eso. La pobreza es
altamente funcional a los sistemas de dominación. Los pobres están para
arrodillarse frente al amo, aceptar las injusticias como naturales, no
contestar, comprender que rebelarse es subvertir las ‘mejores’ tradiciones y
cometer el mayor pecado concebido por los poderosos: ‘nunca se muerde la mano
que te da de comer’. Como perros.
Esclavos. Nos quieren esclavos.
Peleando entre nosotros por un mendrugo. Balbuceando peros, porque ni siquiera
hemos aprendido – o ya hemos olvidado - cómo armar una buena oración. Haciéndole
trampas al de al lado, para sentirnos diferentes. Repitiendo consignas
estúpidas. Aplaudiendo a mediocres de piel estirada y rasgos de careta.
Óptimo si ignoramos nuestros
derechos, pero no tan malo si renunciamos a ellos. ¿Qué es esa quimera de que
todos somos iguales? Ante algún dios puede ser, ante la muerte, pero ante la
ley… ¿qué ley? Si la mayoría ni siquiera conoce la maraña de leyes tejidas en
lenguaje difícil para hacerla inaccesible. ¿Y Ud. ignora la ley? ¿qué tipo de
ciudadano es?
En los interminables ciclos de
los procesos sociales, esta vez nos toca ir cuesta abajo. Bien abajo, hacia el
núcleo mismo de nuestra tierra, hociquear, pozear, cavar nuestra propia fosa. Embarrarnos
y vernos así luego, a la luz del sol, cubiertos de mierda. Capas de mierda que
alternativamente fueron dejando los bienintencionados, los dañinos y los
inconscientes.
Pero, eso sí, siempre
enfrentados. Pocos factores son tan redituables como sostener al cuerpo social
dividido, convencido de que eso que los distancia es real y vale el esfuerzo.
No, si… no vayan a creer, ¡la dominación es un arte! Y una ciencia también, una
ciencia puesta al servicio de la legitimación permanente de las problemáticas
que prioriza el poder.
Nos quieren obedientes, para que
la dominación sea posible y se perpetúe. Nos quieren sumisos, sin criterio
propio, sin autonomía, integrados, pagando el precio que hay que pagar para ser
aceptado como uno más del montón, de la ‘masa’.
Nos quieren presos de una cultura
que sólo reproduzca y que cuando genera algo nuevo, eso pueda ser rápidamente
deglutido por el ‘sistema’. Nos quieren dentro de termos, sin nada alrededor
que nos conmueva en lo íntimo, nada que no pueda resolverse con un ‘me gusta’
en las redes sociales.
Sin fuerza física – o con la
mínima posible, casi ejemplar -, sin coacción. El mundo simbólico pesa más que
el real así que el poder se sostiene en una paradójica sutileza brutal, se
ejerce de adentro hacia afuera. Opiniones, creencias, acciones. Todo viene de
ahí. Lo peor es que nos creemos libres. ¡Hasta creemos que elegimos! como
decían los de Frankfurt.
Pero ¿quién ‘nos' quiere? ¿Hasta
dónde somos ajenos a esto que nos pasa? ¿Por qué toda nuestra acción es casi
siempre la reacción indignada y pasajera de lo que nos pasa? ¿qué hacemos,
además de catarsis?
George Simmel llamó a esta
“autocontradicción”, a principios del siglo XX, la tragedia de la cultura
contemporánea. Para decirlo con todas las licencias y sintéticamente: venimos a
ser quienes hemos creado el monstruo que nos fagocita. ¿Hablamos de
destrucción? No, sólo del sinsentido, del absurdo. De un inmenso vacío ocupado
por cosas, slogans y personajes vacuos, banales, incapaces de alguna
trascendencia.
Es recién entonces cuando cobra
sentido que un Trump, un Macri, un Bolsonaro ganen elecciones e incluso puedan
ser reelectos, ellos o los que son como ellos que, haciendo gala del grotesco,
convierten valles en desiertos. Cuando cobra sentido el profundo y letal
resentimiento que envuelve a esa parte de la sociedad excluida de los
beneficios del consumo. Y por lo tanto cobran sentido la violencia de todos los
días; las políticas de seguridad que primero nos necesitan inseguros; la vuelta
al conservadurismo más retrógrado; los reclamos de protección a cualquier costo;
la cesión de derechos humanos básicos que llevó siglos de lucha consagrar; el
vaciamiento de los mejores discursos; la relativización de todo.
Cobran sentido los sinsentidos,
es cierto, pero eso no nos satisface. Aunque riguroso, el diagnóstico no es
suficiente porque ese juego contradictorio es altamente corrosivo. Solos, ya ni
siquiera somos nostálgicos, recordando incluso con alegría algún episodio
pasado. No. Somos melancólicos, estamos presos de una tristeza infinita
producto de una insatisfacción infinita. Nunca tan individuos, lo que nos
vuelve más funcionales aún, más débiles, más proclives a aceptar otros abusos.
Como decía Arendt, el totalitarismo fue posible en el repliegue y el
aislamiento.
Habrá entonces que dejar de
chicanearnos entre nosotros buscando o recordando quiénes hemos sido más
‘culpables’ - concepto odioso si los hay
– y reconocernos responsables por acción u omisión de lo que nos pasa. Porque
si hay una mentira ideológicamente recargada que nos estamos creyendo casi
todos, esa es que este ‘orden de cosas’ que nos arrastra cuesta abajo es
inexorable. Habrá que desbloquearnos para reconstruir vínculos desde la
diversidad, desde la conciencia del otro y de uno mismo, desde y a través del
diálogo interrumpido para plantearse preguntas viejas y efectivas del estilo
¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Quién dice que esa que se quiere imponer por la fuerza
de los ‘hechos’ es la verdad?
Algo tiene que haber más allá de
la bronca, de la impotencia, de la aceptación cómplice. Porque esta no es la
primera crisis. Y, desde un punto de vista histórico, tampoco será la última.
La Rioja, noviembre 2018
sábado, 27 de octubre de 2018
lunes, 10 de septiembre de 2018
Hoy pinta bajón
Esta mañana pintó bajón.
Veo el cielo, parcial nublado. Un aire agradable todavía se
cuela por las ventanas y me digo que este invierno que ya fue bien podría
despedirse con una lluvia que lave el polvo típico de agosto para ir dejando
ver los nuevos brotes, dejar de toser y estornudar… y esas cosas pueriles, si
quieren, de una mañana de lunes en setiembre.
Ocupada en esas naderías andaba hasta que vi la factura de
la luz. Luz y agua, porque acá se cobran juntas (para que alguien pague el
agua) y por mes. Y resulta que con el último tarifazo de la seguidilla, el
aumento que me corresponde cobrar en la jubilación no alcanza para cubrir la factura.
Y eso que como no hace ni frío ni calor, no hemos usado aires ni estufas. O sea
que cuando apriete el sol y prendamos un aire, lo ideal será tal vez hacinarnos
unos encima de otros en una sola habitación, con lo cual generaríamos más y más
calor, quizás humedades y por lo tanto algún hongo… entre otras complicaciones.
Entonces recordé a un amigo K que, enojado por mi enojo con
los K y con los M y con los P en general y con los impávidos R, los devaneos I y
los siempre nostalgiosos C, me disparó hace unos meses ¿Y por qué no te vas del
país?. Y resulta que el sábado a la noche otro amigo (P no K) me contaba que había
decidido mandar a su hija a estudiar a Montevideo porque a raíz del paro
universitario, perdió las fechas de exámenes y por lo tanto deberá dilatar un
año más el cursado de su carrera. Y me dice que está muy cansado, y que por qué
no irse toda la familia… y yo me doy cuenta, entre tos y tos, que también estoy
cansada y una cosa trae la otra hasta que… ¿por qué no me voy del país?
El ímpetu hace agua apenas advierto que cobro en pesos y
cuando los cambie, no tengo claro si seré igual o más pobre en otro lado. Capaz
sería igual de pobre pero con un horizonte previsible que me sostendrá
igualmente pobre por lo que llegue a vivir…
En una variante a la guerra del cerdo, pienso si no sería…
qué se yo, ponele patriótico de nuestra parte – frente a los discursos M y en
general el tonito neoliberal que huele a aquel tufo de los 90 – que los
jubilados y pensionados argentinos optáramos por un suicidio altruista, mentando
a Durkheim, cuestión de no seguir presionando el gasto social para que éste
pueda ser distribuido entre las nuevas generaciones, dándoles un ingreso
universal más acorde, servicios educativos y sanitarios de alta calidad a los
niños, procurando vías de desarrollo para los jóvenes y todas esas buenas cosas
que nos permitieran pensar un futuro diferente como pueblo ¿no? … Aparte
quedaríamos joya y nos ahorraríamos percibir las miradas recelosas de los
jóvenes y no tanto, hartos de ver que nos aferramos con egoísmo a una vida que
los condena al ajuste!
Pero no. No, no, no, no. Porque los fondos de los jubilados
se han usado con los más diversos fines y nada nos garantiza que el ahorro no
vaya a engrosar las caletas de nuestros gobernantes en páramos patagónicos o se
transfieran con brutal desenfado hacia las manos de unos pocos que cuando
quieren verdes, jaquean al tesoro nacional en el mercado de cambios, o tengan
como destino cuentas off shore en Panamá o algún otro paraíso fiscal… o
terminen engrosando cuentas en Suiza… o en Uruguay, justo justo donde estaba pensando
tomarme el raje… con lo cual resultaría que el masivo sacrificio geronte sería
al soberano cuete, sin contar con que dejaríamos a los niños y jóvenes también
sin nuestra preclara orientación y a sus madres y padres sin una opción barata
de cuidado cuando los párvulos no tienen clase y ellos deben seguir laburando…
si es que tienen dónde, claro.
Entonces siento que las opciones dejan de ser tales y aquí
sólo se trata de sobrevivir pagando los tarifazos, de movernos poco porque los
pasajes y las naftas están por las nubes, de no enfermarnos, así, porque lo
decretamos, de comer raíces, hacer la huerta, armar un gallinero en el patio y
esperar el dulce cacareo devenido en huevo….
Sobrevivir, por cierto, porque vienen las elecciones de
nuevo… Ah las elecciones! Los que están obvio que no se quieren ir porque están
haciendo las cosas tan bien para ellos que cuatro años es demasiado poco; los
que se fueron desesperan por volver, con síndrome de abstinencia de poder y
billetes, muchos billetes; los que hace 16 años que están fuera de la porra o
se equivocaron de alianzas andan mirando cuál sería la forma de convencernos de
que recuperarlos es una idea brillante y los que no han probado nunca las
mieles del poder nos ofrecen la posibilidad revolucionaria que abre toda crisis…
Y mientras tanto cualquiera que presente, seguro por error o fiebre, alguna
opción alternativa a lo conocido traga la arena de la derrota porque el sistema
político sólo existe para reproducirse.
Y mientras eso pasa, está la presión para salir a la calle a
defender el trabajo, la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos, la
educación pública, la salud pública, la independencia judicial, el derecho de
los manteros en once, de los productores regionales, de los que se resisten a
morir contaminados por el fracking o los agrotóxicos o los venenos usados para
extraer minerales, contra las bases chinas, norteamericanas o de donde fuera
que siguen instalando en ¿nuestro? territorio y la vaca muerta, que parece
mejor negocio que toda la ganadería junta…. Con lo cual hay tantas razones para
salir y ninguna para volver a entrar que una nueva opción podría ser
convertirnos en homeless de profesión manifestantes callejeros. Con la ventaja,
inmensa ventaja, de que ningún lunes nos levantaríamos a desayunar y una boleta
de mierda nos generaría una catarata de boludeces dignas de ser puestas por
escrito a circular por las redes sin destino alguno, al cuete nomás, por solo
ejercer el derecho al pataleo…
Sí, hoy pinta bajón.
María Rosa Di Santo
María Rosa Di Santo
martes, 3 de abril de 2018
MULERO se lanza a la venta!!!!!!!!!!!
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miércoles, 28 de febrero de 2018
martes, 27 de febrero de 2018
jueves, 21 de diciembre de 2017
A PROPÓSITO DE LA POSVERDAD Y LA CONSTRUCCIÓN DE RELATOS
ACERCA DE LA POSVERDAD Y LA CONSTRUCCIÓN DE LOS RELATOS
María Rosa Di Santo
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| Raúl Apold - Imagen de Foro de El Nacionalista. |
La construcción de relatos es vieja como el mundo. Uno podría
pensar que surgió con el posmodernismo y la caída de los grandes relatos, pero
es más viejo.
Vamos a lo básico.
¿Qué es la verdad?
Tradicionalmente tres cosas:
-la coincidencia entre una afirmación y los hechos;
- la realidad a la que dicha afirmación se refiere;
-la fidelidad a una idea. La conformidad de lo que se dice
con lo que se piensa o siente.
Pero ¿y cómo sabemos que esa conformidad existe? ¿Se puede probar
la verdad? ¿Es que uno no puede pensar o sentir diferente en un tiempo y en
otro sobre el mismo tema o persona?
Las preguntas como ¿hay verdad? ¿qué es la verdad? nos llevan
a la teoría del conocimiento.
Nietzche diría que la verdad es parte de una construcción no
sólo de valor epistémico, sino moral.
Vamos ahora a la
posverdad, sabiendo que no estamos ciertos de qué cosa es la verdad en el
siglo XXI
Posverdad: mentira emotiva. Hay posverdad cuando un relato se
cree verdadero por razones emotivas o por una cuestión de fe; no por los hechos
objetivos que supuestamente narra.
Un bloguero, David Roberts, escribió en 2010 que la
"política de la posverdad" se refiere a "una cultura política en
la que la política (la opinión pública y la narrativa de los medios de
comunicación) se han vuelto casi totalmente desconectadas de la política
pública (la sustancia de lo que se legisla)".
El sociólogo Félix Ortega advierte que la manipulación de la
información hace que el público no pueda conocer qué es verdad y qué falsedad.
Esto ocurre, según Ortega, porque:
-La comunicación política es básicamente propaganda,
-El periodismo habría perdido principios éticos y se somete a
intereses particulares, no generales.
-Los políticos montan espectáculos
-La ciudadanía se ha fragmentado, lo que simplifica su
manipulación.
Llevo casi 25 años investigando, entre otras cosas, la
recepción. No hay evidencia de que ahora seamos más tontos que antes.
Matías Rivas decía en julio pasado que si bien en el
diccionario de Oxford se consagró a la posverdad en 2016 “no significa que
estemos ante un fenómeno nuevo. Desde que el periodismo existe ha tenido que
lidiar precisamente con la permanente tentación de quienes lo asumen como
instrumento para falsear los hechos, alterar la realidad, mentir, omitir,
censurar o construir realidades a partir de premisas falsas”.
La diferencia es la cantidad increíble, la progresión
geométrica, de las informaciones que recibimos sin filtro o con muchos menos
filtros y de organizaciones – redes de trolls – que generan información falsa.
Y ningún ciudadano prácticamente tiene tanto tiempo como para corroborar cuánto
hay de verdad en lo que le llega. Ni, en muchos casos, podría o sabría hacerlo
porque no es lo suyo, porque no es una capacidad que se desarrolle.
Más que hablar de la verdad, para entender la posverdad hay
que volver a la diferencia que existe
entre verdad y verosimilitud. Para que sean creídos los relatos construidos
tienen que ser verosímiles, no necesariamente verdaderos.
Tienen que parecerle verdaderos a alguien, en general porque
se dan dos cuestiones: alguien quiere creer ese relato y el relato da pistas de
que podría ser verdadero, por ejemplo indicar hechos, nombres, fechas,
circunstancias. Es lo que pasa cuando hay un relato de infidelidad.
Cada régimen político genera, si tiene tiempo, su propio
relato. Y ese relato se va resignificando con el tiempo hasta que llega un
momento que los testigos directos de lo ocurrido van muriendo y uno se queda
con los documentos que escribieron (en cualquier lenguaje) como testimonio. Pensemos
qué pasará en el futuro entre quienes escriban la historia de La Rioja si
siguieran los testimonios de fuentes como nuestros actuales diarios locales. Y
los diarios vienen siendo una de las fuentes más apreciadas por los
historiadores, sobre todo si son un poco vagos o si, como también ocurre acá,
no hay acceso garantizado a la información pública.
Cuando los opositores al Kirchnerismo se quejaban de su
relato, leí ‘El inventor del peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que
cambió la política argentina” de Silvia Mercado. Leo la síntesis de la
editorial Planeta: “o que más importancia le dio a la comunicación desde 1983,
pero Néstor Kirchner no inventó nada. Episodios parecidos a los que se viven en
el presente sucedieron entre el año 46 y el 55, cuando Perón captó a artistas y
directores de cine, compró medios económicamente débiles y expropió el diario
La Prensa mientras construía su relato: el mito potente del líder popular. El
ideólogo y brazo ejecutor de las políticas de comunicación del peronismo
original fue Raúl Apold. Kirchner supo más de él de boca de un viejo peronista
que, en pleno conflicto con el campo, lo visitó para decirle que el mayor logro
de Perón no habían sido las obras públicas o la política social sino el aparato
de propaganda del Estado, motorizado desde la Subsecretaría de Informaciones y
Prensa. Apold era el segundo hombre más poderoso y temido de la Argentina
peronista hasta julio de 1955, cuando dejó el país y se esfumó de la escena
pública sin pena ni gloria”.
También podríamos pensar en el relato que armó el
antiperonismo, antes, durante y después de la Revolución Libertadora.
Y podríamos pensar en la madre de todos los relatos, la
propia Biblia.
En cualquier caso, nada fortalece más la posverdad que las
brechas ideológicas, políticas, religiosas, étnicas, culturales, en fin, que
anteponen convencimientos basados en dogmas – o sea en verdades que no se
discuten – por sobre conocimientos basados en argumentos, en datos.
Vale la pena leer un artículo sobre la posverdad que publicó
la revista Anfibia. (http://www.revistaanfibia.com/ensayo/la-postverdad/)
Dicen allí que “Uno de los eventos más importantes para el
periodismo ante la elección de Donald Trump fue la proliferación de noticias
falsas en las redes. ¿Por qué? ¿Y qué significa para el futuro del periodismo a
corto plazo? El especialista Pablo J. Boczkowski dice que siempre hubo noticias
inventadas pero que al público le cuesta más detectar información tendenciosa
proveniente de la curaduría web, y analiza la crisis cultural que afecta no
solo al periodismo, sino a la ciencia, la medicina y la educación”.
En la primera mitad del siglo XX uno de los fundadores de la
Escuela de Sociología de Chicago, Robert Park, dijo que las noticias falsas
eran un elemento intrínseco de cualquier ecología de la información y grandes
empresarios periodísticos y editores como William Randolph Hearst y Charles
Foster Kane en Estados Unidos explotaron el potencial comercial de las noticias
falsas.
Pero no se trata solamente de crear una noticia sobre un
hecho inexistente.
Hay posverdad cuando una narración distorsiona los hechos,
sea por el aspecto que privilegia o sea por lo que oculta. En la última semana
se vio claramente cómo los medios principales priorizaban la lucha alrededor
del Congreso Nacional, en lugar de la marcha multitudinaria que no participaba
del enfrentamiento. Hay posverdad cuando el gobierno actual decide hablar de un
bono resarcitorio en lugar de reconocer cuánto perderemos los jubilados a lo
largo del año. Y así… Y no es monopolio de este gobierno.
Lo bueno es que la gente desconfía, pero no de todo.
Desconfía de quién le dice qué cosa, pero si confía o acuerda con la persona o
entidad que lo dice, es muy probable que crea su discurso. Es más, que lo haga
propio. Y con las redes hoy cualquier usuario puede, además de reproducir,
producir un contenido. Es común lo que pasa con fotos que no corresponden a la
realidad de la que se habla y muchos las compartimos lo mismo. Porque son
verosímiles. Es decir, porque podría ser posible que fueran verdaderas.
El problema es qué se hace con esto.
Si la solución es aceptar filtros que cuiden la veracidad de
los relatos que nos llegan, los mismos filtros pueden acotar peligrosamente
nuestro acceso a la información y direccionar nuestra atención solo a aquellos
temas que quieren que veamos. Como ocurre cuando la inseguridad nos lleva a
aceptar una mayor seguridad sobre nosotros mismos. Ojo con aceptar controles
que podrían volverse en nuestra contra ante gobiernos autoritarios.
Acuerdo con Pablo J. Boczkowski cuando advierte: “Celebramos la nueva
infraestructura cuando ayuda a socavar las prácticas de información de
gobiernos opresores y la denunciamos cuando contribuye a desinformar a los
ciudadanos de estados democráticos liberales. Pero, desafortunadamente, parece
poco realista tener lo uno sin lo otro, porque son las dos caras de la misma
moneda”.
Como pasó respecto de la TV y los medios tradicionales, yo
estoy más a favor de trabajar la
recepción crítica, dándole a la propia gente algunas pistas para ubicarse
en el mundo de las redes y los medios. Claro que no garantiza nada. Si uno no
sabe mucho de un tema, siempre podrá ser manipulado. Y nadie puede saber mucho
de todos los temas. Tampoco los periodistas.
Por otra parte, la mayoría de los usuarios desconoce las
lógicas de funcionamiento de internet, aunque ya sabe algo de las lógicas de
funcionamiento de los medios tradicionales y eso ha llevado a los espectadores,
lectores, oyentes, a saber distinguir un relato noticioso de una opinión, de
una parodia (imitación burlesca) o una sátira (crítica moral, lúdica o
burlesca). También los ha llevado a discutir su autoridad. Una misma noticia en
medios diferentes es denostada en un caso y aceptada en otros por un mismo
receptor.
Hay una crisis de autoridad cultural del conocimiento en
todos los órdenes, no sólo en la comunicación. Eso no está mal. El problema es
resolver el hueco que ha dejado.
Yo gusto de las crisis que nos alejan de certezas que
resultan falsas. Hay que aprender a criticar, enseñar a criticar, a argumentar,
a
Armado para la mesa de debate realizada el 20/12/2017 por Cooperativa Voces y emitida por la Radio comunitaria Voces. Gracias por la invitación.
sábado, 16 de diciembre de 2017
MULERO - Una gráfica de excepción acompaña un sonido excelente
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| Néstor Vildoza - Estela Ortíz Sosa |
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| Néstor Vildoza - Estela Ortíz Sosa |
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| ANéstor Vildoza - Estela Ortíz Sosa |
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| Néstor Vildoza - Estela Ortíz Sosa |
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| Gustavo Arias |
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| Gustavo Arias |
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Mulero,
Néstor Vildoza,
Ramón Navarro (h)
jueves, 30 de noviembre de 2017
MULERO YA ESTÁ A LA VENTA EN TIENDAS INTERNACIONALES
Para acceder a la compra del disco completo o por temas, o para su escucha

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miércoles, 29 de noviembre de 2017
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