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viernes, 14 de enero de 2022

La resistencia riojana a la megaminería: ¡NO PASARÁN!



 

 Por María Rosa Di Santo


 

Por estos días la Rioja vuelve al discurso público nacional por dos razones: el calor excesivo y la resistencia ciudadana a los emprendimientos megamineros.

Enfocando la segunda y escribiendo desde la primera - 40 grados -, la impresión es que esa resistencia atraviesa a la sociedad sin importar las tendencias político partidarias de los ciudadanos.

Del otro lado de estos territorios andinos, los que se van anoticiando y recuerdan que 'el Famatina no se toca' sigue vigente desde hace muchos años, no parecen comprender. La minería es necesaria, dicen, capaz pensando en una pesadillesca  distopía de no poder mantener sus celulares en funcionamiento.  Los más informados sostienen que el país  (otra vez, otra vez más) necesita divisas y debe explotar la megaminería para exportar y así pagar una deuda externa que todos – los que la tomaron y los que la habilitaron – sabían que era impagable y que no benefició a los pueblos que hoy deberían sacrificarse.

Y claro que la minería es una actividad lícita y necesaria, pero no a una escala mega que la convierte en incontrolable en nombre de la rentabilidad de la inversión.

Por aquí ya sabemos que el Estado no controla; que los informes de impacto ambiental son sospechosos; que no hay técnicos que, con los sueldos que cobran como empleados estatales, resistan un plus que es una fortuna para ellos y unas monedas para las multinacionales.  Y cuando los hay, son trasladados, removidos,  olvidados en alguna oficina ignota. Nada nuevo.  Hasta Borges vivió esto.

También sabemos que las empresas no se ocupan de los pasivos ambientales que dejan a su paso, como bien se puede observar en Los Colorados, después de la explotación de uranio entre los 80 y los 90. El poblado homónimo fue diezmado por la enfermedad y la muerte,  pero nadie les advirtió en su momento de los  daños colaterales de la mina. Los sobrevivientes de Los Colorados aún no tienen ni electricidad. ¿Dónde está el desarrollo que 'derrama' sobre los más pobres? ¿Dónde está el desarrollo entre los pueblos vecinos en San Juan,  como Jachal,  otrora una inmensa quinta que nos proveía de frutas y verduras? ¿Dónde está el desarrollo entre las zonas afectadas por Bajo la Alumbrera en Catamarca?

En la Rioja tenemos un doctorado en discursos mentirosos de políticos ambiciosos y condicionados. ¿Quién no recuerda por aquí las loas al supuesto impacto positivo de la minería del gobernador y presidente Carlos Menem cuando iniciaba con bombos y platillos La Alumbrera;  del gobernador y antes secretario de minería de la nación, el geólogo Ángel Maza;  del panqueque Luis Beder Herrera después de haber alcanzado el poder?

Las mentiras oficiales ni siquiera requieren lecturas de archivos periodísticos sobre Nonogasta, departamento Chilecito.  Basta ver los residuos contaminantes que viene dejando la ex curtiembre Yoma a cielo abierto desde hace 30 años. O el registro de enfermedad,  discapacidad, malformaciones y muerte de sus habitantes. Nuestro pequeño Chernobyl... Con el verso de la creación y mantenimiento de la fuente de trabajo, las autoridades ocultaron y negaron sistemáticamente que este tipo de industria es una de las más contaminantes que se conocen.

La Rioja necesita desarrollarse,  es cierto. Necesita fuentes de trabajo alternativas al propio Estado, pero que perduren, no que sean temporales.

El cómo es una discusión de fondo que la política no da, porque los partidos principales son ortodoxos en tal sentido y el PRO de Mauricio Macri no se diferencia del Peronismo.  Basta con revisar la historia económica argentina para ver las continuas oscilaciones entre quienes más o menos redistribuyen una riqueza que proviene básicamente de la exportación de materias primas con escaso valor agregado. 

Casualmente, el imperativo de exportar desde soja y carne, trigo y maíz, petróleo y oro o lo que venga, es más potente cada vez que hay que pagarle a los acreedores externos.  Desde la Baring para acá  ¿quiénes, aparte de los prestamistas, se han beneficiado con la toma de deuda incluso para pagar deuda, como Mariu Vidal dijo que ellos hubieran hecho si eran reelectos?

¿No es llamativo que potencias como Inglaterra antes y EEUU ahora presten dineros bajo condiciones que saben inviables a cambio de compromisos que les aseguran los recursos que necesitan y la injerencia permanente sobre la política local?

A pedido de Trump,  Macri fue beneficiado como nunca nadie en el mundo por el FMI.  Fue un aporte a su campaña  ( y ni así pudo ganar) pero a la vez una inversión a mediano plazo: el FMI podría controlar la gobernanza en caso de que la ultraderecha perdiera.

Y así es. Desde que se tomó esa deuda no hablamos de otra cosa. A medida que se acercan los vencimientos, se convierte en el tema único de la agenda nacional.

El gobierno peronista necesita divisas y apuesta a lo de siempre, exportar. Pero no exportar con valor agregado, que genere fuentes de trabajo, sino sacar del país recursos naturales y materias primas. Como digo, lo que venga.  El mismo modelo desde fines del XIX.  El mismo modelo que aplicaron sucesivos gobiernos de facto y democráticos que, en lugar de reducir la pobreza, la aumentaron.

Entonces ¿por qué,  por qué hay poblaciones ancestrales que deben aceptar el sacrificio para satisfacer los deseos de nuestros acreedores y la impotencia de nuestros gobernantes?

La respuesta ciudadana es NO.

Llámennos ignorantes,  atrasados, lo que quieran. Bárbaros, como decía Sarmiento. Aunque no lo parezca, por aquí venimos aprendiendo de los propios yerros de  quienes nos representan basados en un sistema político partidario  que hace agua por todos lados y por un modelo de país que apuesta a lo conocido y al viejo estilo unitario de tomar decisiones.

No. La Rioja es la provincia con menos agua del país,  una provincia caliente, adversa en su clima, bellísima en su geografía.  Hasta ahora, tiene cuatro universidades, es decir que forma profesionales se supone que capaces en lo suyo. Sin embargo, como una constante desde la organización nacional, sigue sometida a los dictados nacionales porque depende de sus fondos en más del 90% de lo que invierte sólo para sobrevivir. Así es como los sucesivos gobiernos centrales presionan a los locales para lograr imponer sus políticas, como ahora la megaminería.  Pero nosotros ya sabemos, ya no somos Los Colorados. Leemos, nos informamos, consultamos y observamos acá nomás, en nuestro territorio y en los de nuestras provincias vecinas.

Y decimos que no, que no pasarán,  porque cuando pasan y se instalan no las saca nadie. Se van solas dejando el daño, con las alforjas llenas.

Un país bendecido con riquezas naturales soñadas para otros no puede quebrarse por la inoperancia, la cortedad de miras y la corrupción de las minorías. No podría, no debería, pero aquí andamos, quebrados. O al menos las mayorías.

Hace poco vi un documental que recomiendo sobre el Congo. Su maldición es casi similar a la nuestra: tiene, por propia naturaleza, de todo. A diferencia de los congoleños, nosotros también tenemos la educación. Con sus falencias, eso aún nos distingue. Bueno, habrá que pedirles a los genios de la economía que imaginen, inventen, piensen algo nuevo que sea lo menos nocivo posible.

El calentamiento global, las pestes, la contaminación ambiental son los pasivos ambientales de los modelos de producción conocidos. Ya que estudian tanto y trabajan asesorando ¿qué tal si piensan alternativas? ¿O vamos a seguir siendo un país con una historia con hipo?



miércoles, 13 de octubre de 2021

COMPOSICIÓN, ORQUESTACIÓN Y CAPTURA EN TIEMPO REAL DE OBRAS PARA CUERDAS - Matías Ortíz Sosa

 










 



        Entre el 4 y 9 de octubre pasado se realizó en Villa Sanagasta, provincia de La Rioja, una semana completa de trabajo consistente en producir en audio y video la composición, orquestación y captura en tiempo real de obras que privilegian la ejecución en cuerdas  y que luego de posproducidas seran de libre circulación virtual.

            El proyecto focalizó las posibilidades de la guitarra, en una búsqueda que incluyó cambios de afinaciones, experimentación con diversas cuerdas y el uso de un set de 5 micrófonos registrando simultáneamente.

            La importancia de la iniciativa es que carecía de antecedentes en el departamento y en la provincia porque utilizamos tecnología móvil de primera línea desde un pueblo del interior que he elegido para residir desde hace un año y medio, para grabar el desarrollo sintáctico y orquestal que se inició con Mulero (2018 – disco editado a través de la Ley provincial homónima que puede escucharse en  https://www.youtube.com/watch?v=Ek41rr9lVho&list=OLAK5uy_nxcKVs2HEUegtE83ckrGbXEBxgZyDRrw8).

Con ese objetivo, reunimos un equipo de trabajo integrado por compositores y productores jóvenes de contenidos, cuatro de los cuales viven en Córdoba: Koky Schroeder (composición en video); Diego Módica (productor ejecutivo); Juan Arabel (técnico de grabación y asistente de producción), Federico Lucero (producción y dirección musical),  junto a Matías Ortíz Sosa (dirección artística general, compositor, orquestador e intérprete) y la asistencia del luthier Lucas Ledezma, cordobés residente en La Rioja.

Agradecemos el apoyo brindado por la Secretaría de Cultura y la Dirección de Música de la provincia, en las personas de Patricia Herrera y Luis Chazarreta, como así también a quienes nos hicieron llegar instrumentos y buenos deseos durante la experiencia. Es de destacar que el proyecto en sí mismo, presentado ante el Ministerio de Cultura de Nación, cuenta con el aval de la propia Secretaría provincial, de la Facultad de Artes  de la que egresé y del proyecto de investigación ‘La dimensión afectiva en las músicas populares: relaciones entre dispositivos de enunciación y formas de apropiación’ radicado en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía  y Humanidades, ambas pertenecientes a la Universidad Nacional de Córdoba.

 https://www.youtube.com/watch?v=EzKFHOGGCPY&t=18s

La Rioja, 13 de octubre de 2021











CONTACTOS:

En La Rioja: 3804361328 y 3804759841; en Córdoba: 3516217659.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Tres razones de peso para leer ALEGATO DEL FEUDO

ALEGATO DEL FEUDO – 
El segundo libro del periodista catamarqueño Diego Varela, fue presentado en La Rioja el 8 de setiembre.

fragmento final de la presentación en Racimo Club de Vinos


Varela es cordobés, de familia paterna catamarqueña. Nació en 1972. Se crio en San Fernando hasta que se radicó en Córdoba para egresar como Licenciado en Ciencias de la Información (ECI).
Jefe de Redacción y columnista del diario El Ancasti de Catamarca, luego de haber sido por años redactor en la sección política. En El Ancasti publicó varios años una columna dominical, "Contracara", de análisis político local. Luego quedó a cargo del ‘Mirador Político’, tarea que continúa hasta la fecha.
Alegato del Feudo es en realidad el segundo libro de Varela, luego de la edición en 2015 de "La Restauración Presupuestívora” que se incluye, en versión corregida, en esta nueva obra.

Lo bueno de este libro es que me despertó muchas preguntas, primero.
Y que haya sido escrito y su lectura sea ágil y amable para con el lector, pese a la densidad de lo que dice.

Vamos a las preguntas:
¿Cuánta vigencia tienen las dicotomías tradicionales que vienen dividiendo el país en una ‘brecha’ histórica? Puerto/interior; federalismo/unitarismo; civilización/barbarie; feudalismo/modernidad; feudos/república; atraso/progreso; vasallos/ciudadanos y así.
¿Y cuánto de la supervivencia de estas brechas, tan caras al discurso público de unos y otros, tiene que ver con la ausencia de un demorado debate sobre un proyecto incluyente de país?
¿Cuáles son las condiciones estructurales que generan tal heterogeneidad de realidades en un mismo país; que convierten a legislaciones de avanzada en letra muerta y que vacían de sentido las palabras de mayor carga simbólica?
‘Alegato del feudo’ aborda concienzudamente este debate. Con un plus: lo hace desde uno de los ‘feudos’, Catamarca.
En este sentido, como colega me cabe destacar la enorme valentía – equivalente a su talento – de Varela para acometer la empresa de escribir este libro.
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El libro consta de dos partes bien diferenciadas:
Una primera, digamos macro, que nos ubica desde la historia, la economía y la política en el contexto de debate de aquellas dicotomías irresueltas en la Argentina.
Varela observa que “Las razones por las que los regímenes llamados ‘feudales’ subsisten no se evalúan; mucho menos las responsabilidades que los autoproclamados civilizadores pudieran tener al respecto. No se considera – o las urgencias de las refriegas políticas coyunturales hacen conveniente no considerar – que las culturas no se desarrollan en el vacío, sino desde condiciones materiales de existencia concretas, que las determinan”.
Históricamente hablando, en el siglo XIX, “la integración territorial del país se materializó bajo la forma del sometimiento a los intereses de las clases hegemónicas porteñas y bonaerenses”.
Citando a Aldo Ferrer, Varela advierte que “en la estructura de producción y el empleo” de los feudos la mayor incidencia corresponde a los servicios. Servicios que, en una proporción desmedida, son prestados por el Estado. Por tanto “la autoridad para suministrar empleo público y distribuir favores del Estado es herramienta central para la construcción de consensos políticos”.
Podríamos plantear este ecosistema feudal de esta forma, siempre a escala:
-Lo que importaba en la organización nacional era imponer el modelo del puerto. Las economías regionales pasaron a formar parte de un folklore entendido como herencia tradicional, casi para el turismo. Con la redemocratización del país la situación siguió la misma línea trazada por Krieger Vasena a fines de los 60 y por Martinez de Hoz en los 70.
-Los problemas nacionales estructurales, como la dependencia y la macrocefalia, se repiten a escala nacional/provincial y municipal.
-Para que no haya revueltas, sostenerse en el sillón de Rivadavia y que ese negocio sea más barato (en tiempo y dinero), sucesivos presidentes – desde Menem – parecen pensar que es mejor amigarse con los caudillos locales – que ya no son, hace mucho tiempo, ni la sombra de los caudillos del XIX -.
- Para que la población local más pobre subsista radicada en esos feudos y no se vaya a profundizar los problemas en las grandes metrópolis, es mejor que el caudillo la subsidie. En época de vacas gordas, y si el caudillo es más generoso, con el empleo público en blanco. Cuando las vacas adelgazan, con planes y subsidios. Pero con una estrategia o con otra, hasta montando el “negocio del hambre” (del que habla Varela), si alguien no pierde, es el caudillo.
- Esto salvo que sus socios y amigos – o aquellos adversarios políticos que le resultan funcionales - entiendan que ya es hora de tomar la posta y quedarse con la mejor parte de la torta. O que exista un caso que, por sus características, haga estallar en pedazos la infinita ¿paciencia o resignación o apatía? De parte de la población.
- Mientras tanto, para las capas medias y algunos pocos burgueses el caudillo, a través del Estado, puede ofrecerles unos puestos de pocas horas que le habilitan el ejercicio liberal de su profesión o negocios muy rentables, como la obra pública, los juicios al Estado, contratos, maniobras fiscales.
- Todos más o menos ‘en caja’, colonizados por una manera de hacer la política que parece la única posible. La mayor parte de los vasallos no se rebela, como quisieran los ‘buenos’ y ‘civilizados’ republicanos. O cuando se rebela, como pasó en La Rioja respecto de la Unlar o la megaminería; en Catamarca con María Soledad Morales, estalla.
- El caudillo local sabe de la dependencia nacional, tanto si es oficialista como opositor. Por lo tanto, tiene que estar dispuesto a votar aunque sea “tapándose la nariz” para que el gobierno central le siga mandando dinero, obras – cuyos precios y condiciones acuerdan – y lo controle lo menos posible. Lo mismo pasa entre los gobiernos provinciales y los municipales. No hay proyecto viable sin el acompañamiento tácito o explícito del gobierno nacional.

En este ecosistema claramente la calidad institucional y republicana deja mucho que desear.
Pero ¿quién le pone el cascabel al gato si de las relaciones con los que administran el dinero público depende la subsistencia y alguna posibilidad de prosperar?
Ni a las burguesías locales ni a los bien intencionados gobiernos nacionales que han intervenido provincias, como Catamarca, les interesa cambiar este estatus quo ya ‘naturalizado’, como si los que nacen aquí vinieran con genes inferiores en materia cívica. En los 90 recuerdo haber escuchado a algunos hablar de las provincias ‘inviables’. Félix Luna se refirió al asunto aquí en La Rioja. El sometimiento nacional y la corrupción local, que fue cómplice, las hace inviables. Y no hay un solo atisbo de debate serio de un modelo nacional más inclusivo. Lo que hay es, como dice Varela, “hipocresía y moralina”.
Feudos hay, pero no sobran en Argentina quienes puedan arrogarse el derecho a juzgar desde una superioridad moral autoatribuida” dice Varela, haciendo referencia a la corresponsabilidad Nación/provincias feudales. Primera razón para leerlo.
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En la segunda parte analiza al detalle y con buena calidad de datos lo ocurrido en Catamarca en el período de redemocratización del país, sobre todo a partir del caso María Soledad Morales.
El análisis del derrotero jurídico y político de aquel caso también justifica la lectura de este libro. Segunda razón.
El interés de esta parte para nosotros es mayúsculo porque tanto Catamarca como La Rioja vienen de vivir una época de “excepcionalidad histórica”, como le llamó Ricardo Mercado Luna a la que transitó La Rioja durante las presidencias de Carlos Menem y en referencia al nivel superlativo y extraño de dinero público que ingresó a las arcas provinciales. Para nuestros vecinos la “excepcionalidad” estuvo dada por la irrupción de la renta y los dividendos mineros, de la mano de un emprendimiento impulsado – no casualmente – por el propio Menem.
Y sin embargo, en ninguno de los dos casos nuestras provincias dejaron de ser feudos ni cambiaron las políticas clientelares y los regímenes presupuestívoros por un esquema económico que, con el tiempo, lograra descentrar al Estado provincial – y a escala – a los Estados municipales del núcleo de sus economías.
Sólo por este análisis vale el esfuerzo de sentarse a leer, discutir y difundir este trabajo de Varela. Tercera razón.
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Lo que él dice de Catamarca se puede decir de La Rioja: las dirigencias políticas locales y nacionales, cualquiera haya sido su signo político partidario, pierden su tiempo en discusiones que se vuelven retóricas porque no tienen su correlato en acciones. Para conservar el poder que alcanzan en las urnas, incluso cuando – como en Catamarca – los partidos se han turnado en el poder, es más práctico tener vasallos que ciudadanos.
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Antes de terminar, quiero detenerme en la cuestión minera:
Singularmente en La Rioja, donde la mayoría de la población está en contra de la política minera diseñada por la primera presidencia Menem junto a nuestro ex gobernador Angel Maza y con la venia de la mayoría del Congreso Nacional, ‘Alegato del Feudo’ describe por qué explotar nuestros recursos mineros en el marco de las estructuras y las prácticas del poder que existen no lograría más que dejarnos en una situación peor: tan pobres como siempre, pero contaminados y enfermos, sin alternativas productivas posibles.
No hay por qué pensar que nuestras dirigencias – entre los ‘cualunques’ y los ‘voluntaristas’ - pudieran variar el subdesarrollo en que vive la mayor parte de nuestra población.
Y como el beneficio sería tan magro, el perjuicio de una contaminación que ya no es una sospecha, sino que es palpable en Catamarca y en San Juan, por citar ejemplos cercanos, es mayúsculo.
Aun sabiendo que un emprendimiento como Bajo la Alumbrera tendría fecha de caducidad, Catamarca precarizó el trabajo, no generó nuevas fuentes de trabajo, no buscó alternativas económicas para desarrollar el sector privado. Por el contrario, aumentó la pobreza, la marginalidad, el consumo de substancias prohibidas y el delito, el juego y la usura. Dilapidó los recursos. De la misma manera que hizo La Rioja durante los 90.
El sueño minero catamarqueño y el sueño político riojano terminaron en espejismos. Parafraseando a Varela, son provincias timberas ante el gran prestamista.
Mg. María Rosa Di Santo
La Rioja, 8/9/2017